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Te acompaño en tu autonomía

“La verdadera generosidad para con el futuro reside en darlo todo en el presente”
Albert Camus

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Cuando veo a mis hijos llegar a unas escaleras o una cuesta grande y coger su bici con las manos para cargarla y continuar su camino, me siento fascinada. No puedo evitar pensar en todas esas situaciones en las que se me ha presentado una dificultad y no he sabido cómo reaccionar o he reaccionado quejándome o pidiendo ayuda. Y ahora veo claro que era mucho más sencillo que eso, era cuestión de hacerse responsable de uno mismo y buscar una solución práctica.

Ellos cogen la bici, suben las escaleras y siguen andando, asunto solucionado. Lo importante es andar en bici, seguir con el juego, mantener la intensidad, el disfrute del momento.

Yo les ofrezco mi ayuda y no sé hasta que punto hago algo bueno para ellos haciéndolo, cuando me han demostrado que saben hacerlo solos. Ellos me responden “yo puedo solito mami, soy muy fuerte” y a mí me alegra tanto oírles…

Ellos cogen la bici, suben las escaleras y siguen andando, asunto solucionado. Lo importante es seguir con el juego.

Quiero que sean personas autónomas y responsables de sí mismas, quiero que la vida para ellos sea como un paseo en bici donde lo que importa es disfrutar de cada momento; que sepan caerse y levantarse, que busquen soluciones para superar los obstáculos, que sepan que estoy ahí para cuando me necesiten pero que me encanta verlos crecer y enfrentarse a nuevos retos.

Para mí no ha sido fácil llegar a este momento de conciliación con su iniciada autonomía, la crianza que yo recibí por parte de mis padres fue de sobreprotección. Para ellos el mundo es algo peligroso y me han trasmitido ese miedo y desconfianza lo que me ha supuesto un coste a la hora de desarrollar la mayoría de edad, desapegarme de ellos y sentirme capaz de asumir mi propia vida. Esto sin duda me ha influido a la hora de enfocar mi propia crianza.

Por suerte esta labor la hacemos en pareja y de este modo es mucho más fácil observar estos patrones que todos tenemos interiorizados fruto de nuestras propias crianzas.

Hectorbici3gotadeagua

A través de este proceso de reflexión en el que tengo en cuenta cómo fue mi crianza, puedo cuestionarla para ejercer una más sana con mis hijos, me hago más consciente de cómo se va desarrollando en nosotros esa integración de patrones y creencias limitadas cuya consecuencia es la forma en la que hemos aprendido a vivir.

El trabajo de identificación, toma de conciencia y cuestionamiento de estas creencias es lo que nos conduce a través del asesoramiento filosófico a una comprensión sentida, una transformación en nuestra forma de interpretar la realidad y por consiguiente a desarrollar una manera de vivir que no nos limite, sino que, por el contrario, nos permita desarrollarnos plenamente.

La crianza para mí está siendo una oportunidad para mirar y sanar todas esas cuestiones que no me permitían estar en consonancia conmigo misma. Y siento que una madre sana y reconciliada es el mejor regalo que le puedo hacer a mis hijos. Asumir la responsabilidad de nuestra vida, hacernos cargo de lo que depende de nosotros aquí y ahora es nuestra tarea más importante.

Acompañamiento Filosófico COVID19

Os comparto la iniciativa de voluntariado a través del asesoramiento filosófico que estamos llevando a cabo un grupo de filósofos dedicados al Asesoramiento filosófico y vinculados a la Escuela Sapiencial creada por Mónica Cavallé.

El objetivo de esta iniciativa, es ayudar a esas personas que están siendo afectadas, a nivel existencial, por la delicada situación generada por el COVID19. Personas que han perdido a alguien cercano, que están sufriendo la enfermedad en aislamiento o bien personal sanitario o vinculado a los trabajos de cuidado de estos enfermos.

A través de ella ofrecemos acompañamiento filosófico de manera totalmente desinteresada. Puedes encontrar más información y contacto en Acompañamiento Filosófico Covid-19.

Por otro lado os comparto el enlace de Recursos de salud mental y bienestar emocional durante la crisis del Coronavirus públicado en la página de la SEAEP (Sociedad Española Para El Avance De La Evaluación Psicológica) en donde también estamos enlazados como recurso.

Cualquier colectivo o persona que considere que podemos ayudar a través del acompañamiento, se puede poner en contacto con nosotros a través de nuestros contactos que aparecen en la Web y estaremos encantados de poder aportar nuestro granito de arena en esta situación.

 

 

 

Diálogos filosóficos: Reflexionamos sobre la incertidumbre en tiempos de COVID19.

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Imagen de rottonara en Pixabay

“Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento del hombre. Porque así como no es útil la medicina si no suprime enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no suprime las enfermedades del alma” Epicuro

El pasado 20 de marzo ante la situación de encierro provocada por el COVID19 organicé un diálogo filosófico online. La filosofía, hoy más que nunca, debe estar al servicio de todos. La filosofía como maestra de vida, acompañándonos en la reflexión acerca de nuestra manera de vivir y a través de esta reflexión encaminarnos lucidamente hacia cómo queremos vivir.

El planteamiento de este encuentro era crear un espacio seguro donde poder reflexionar acerca de nuestra relación con la incertidumbre. Para ello, indagamos en las emociones que estábamos sintiendo en ese momento y nos preguntamos acerca de nuestra relación con la incertidumbre.

En este primer encuentro pudimos encontrar palabras para describir las emociones que estábamos sintiendo y a estas emociones, el miedo, la frustración, la ansiedad, el estrés, calma, desconcierto, incredulidad, desbordamiento,intranquilidad, agobio, enfado… les pusimos voz para indagar en esa relación íntima que cada uno de nosotros tenía con la incertidumbre.

La incertidumbre es algo que nos hace sentir vulnerables, no nos permite controlar nuestro destino. Ante esta situación nuestras reacciones son muy variadas: en algunos casos esto es interpretado como una oportunidad para crecer, para conocerse en una nueva situación, en otros casos es desconfianza en lo que pueda venir, es elucubración de la fatalidad.

Las reflexiones acerca de nosotros mismos y nuestra propia relación con la vulnerabilidad en ocasiones quedaba eclipsada por otras reflexiones acerca de las consecuencias en el futuro teniendo en cuenta los hechos que observamos; una situación tan novedosa para todos que en ocasiones puede sobrepasarnos.

Esta situación de estado de alarma pone en jaque conceptos como la libertad o democracia y nos hace sentir exigidos no sólo como personas, sino además como ciudadanos. Sentimos que la cuerda democrática se tensa. Desde el punto de vista social, legal y político se producen muchos cambios que no sabemos a dónde nos van a llevar y qué consecuencias tendrán.

Observamos dos posibles reacciones ante la sensación de vulnerabilidad: por un lado nos sentimos solidarios y desde esa vulnerabilidad queremos colaborar y ayudar a quien pueda necesitarlo, pero esa vulnerabilidad en otros casos no es bien recibida y sentimos un miedo desmedido que nos lleva a reacciones cargadas de insolidaridad e incomprensión.

Vivíamos sintiéndonos seguros y confiando en un mañana similar al hoy.

Planteamos también que esta situación nos hace muy presente la incertidumbre pero también observamos que la incertidumbre antes de esta situación excepcional estaba muy presente en nuestras vidas aunque  en mayor o menor medida dependiendo de nuestras circunstancias combatíamos esta sensación con una vida que nos protegiese de la vulnerabilidad. En general no teníamos una sensación de vulnerabilidad tan a flor de piel, por el contrario vivíamos sintiéndonos seguros y confiando en un mañana similar al hoy.

A través de este encuentro pudimos compartir las inquietudes que surgieron en relación a nuestra forma de afrontar la incertidumbre, al mismo tiempo que generamos una mirada más amplia y lúcida sobre esta situación observada por tantos ojos y desde tantas perspectivas, nos sentimos escuchados y acompañados en el pensar y en el sentir.

La realidad se nos muestra desoladora ante todas esas personas, amigos, familia, vecinos, compañeros de trabajo, que nos han dejado en la mayoría de los casos sin poder despedirse, el miedo casi inevitable de las personas que están enfermas, aisladas en algún lugar, hospital, domicilio, hotel, casa prestada. Las personas que han sufrido perdidas de personas queridas, las personas que trabajan incesantemente para combatir la situación, las personas encerradas en sus domicilios, las situaciones económicas, familiares complicadas.

La realidad ha cambiado radicalmente para todos en muy poco tiempo, vamos a necesitar mucha fuerza para poder aceptar lo que estamos viviendo y convivir al mismo tiempo con la incertidumbre que genera esta realidad.

Reflexión filosófica en tiempo de Coronavirus, ¿te unes?

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Hoy he salido a la calle para hacer acopio de víveres y me he cruzado con muy pocas personas. Eso es casi impensable en Madrid; aquí siempre esta todo lleno de gente, para cualquier cosa hay gente dispuesta. La sensación para mí ha sido rara, me ha recordado a la serie Walking Dead pero sin zombies.

Mientras caminaba por el supermercado y buscaba en las estanterías casi vacías pensaba lo frágiles que somos y lo fuertes que nos creemos con todos esos pensamientos rígidos que nos hacen creer que controlamos nuestro día a día y que podemos garantizarnos un mundo seguro.

Quién iba a pensar que llegaría una semana en la que todos tendríamos que estar confinados en nuestra casa por un virus que viene de China, que no irían nuestros hijos a sus centros de estudios, ni mucha gente a sus trabajos, que las calles estarían desiertas y que nos obsesionaríamos con comprar papel higiénico…

Pues ha ocurrido. Y con este acontecimiento hemos entrado en una época de incertidumbre: no sabemos qué va a pasar, cuándo se va acabar… Ni siquiera sabemos si cuando esto acabe podremos retomar nuestra vida tal y como la teníamos organizada. No sabemos qué repercusiones tendrá a nivel económico para empresas, organismos, familias; estamos en esa incertidumbre y encerrados en casa.

Mientras, vamos pasando por una serie de fases. No sé si existen estudios sobre esto (probablemente sí) pero de momento he podido detectar tres fases en mi persona:

La primera, escepticismo. No me podía creer que esto estuviese sucediendo, alguna sonda de los medios de comunicación nos quiere asustar por vete tu a saber que intereses que desconozco, no hago ni caso, yo no tengo miedo. Seguiré mi vida tal y como la venía organizando.

La segunda, pánico. Esta fase llega cuando nos comunican el cierre de los colegios: sentí un poco de pánico y no porque mis hijos estuviesen 24 horas en casa durante 2 semanas, sino por el hecho de que se tomase esta decisión. Eso me hacía comprender que algo grave estaba sucediendo. Se me escapa el control de mi vida, sentimientos de miedo, desorientación. Tampoco podía creer que se irían anulando casi todos los eventos que tenía programados. Resultaba una sensación muy rara.

La tercera fase, ansiedad. Después de la declaración de estado de alarma, ¿qué va a ser de nosotros? ¿cómo vamos a superar este encierro en casa? ¿y después de esto? ¿tendremos dinero para pagar nuestros recibos, nuestra comida? ¿voy a poder aguantar sin salir a la calle?

Casi todas las fases han sidos narcisistas: yo, yo y yo…. Eso me ha dado algunas pistas de que estaba dejando a mi pensamiento tomar el mando de mi vida. Supongo que esto nos habrá pasado a muchas personas, pero hoy cuando volvía de esta compra (que me ha dado para mucha reflexión filosófica) pensaba en el filósofo Estoico Epicteto y en su pensamiento sobre lo que depende y no depende de mí. Y de las cosas que dependen de mí, he concluido que la más importante es aprender a vivir en la incertidumbre.

Y de las cosas que dependen de mí, he concluido que la más importante es aprender a vivir en la incertidumbre.

La realidad ahora es incertidumbre. Ya me servían poco, pero ahora además me hacen sufrir los “deberías”, las exigencias de cómo deben de ser las cosas. Ahora la actitud que más me ayuda es ser flexible y a la vez permanecer ahí sin romperme. Buscar desarrollar esa mirada completa de la realidad, con su dimensión  de inconvenientes y sus dimensión de oportunidad. Seguir sacándole provecho a cada momento presente y tratar de dar lo mejor de mí, no encerrarme en mis pensamientos y tratar de contactar siempre con esa mirada objetiva de la realidad.

En este tiempo de coronavirus quizá unir fuerzas y aportar lo mejor de cada uno sea nuestra tabla de salvación. Por ello, os invito el viernes 20 de marzo a las 20:00 horas a un encuentro online gratuito donde podamos encontrarnos y reflexionar juntos sobre la incertidumbre, la actitud estoica y todo lo que surja.

¿Te interesa? Si es así incluye tu comentario a este post o contáctame en r.diazvalle@gmail.com

Creatividad y plenitud de vida

creatividad y plenitud de vida Blay

Os dejo este fragmento del libro de Antonio Blay, cuando lo leí me pareció muy clarificador, creo que contiene un mensaje vital y nos enfoca en la importancia de nuestro trabajo interior íntimamente relacionado a como se nos presenta el exterior.

Expresar también mi agradecimiento a la persona que me lo dio a conocer y me regalo el libro porque he disfrutado enormemente de su lectura, Gracias !!!

“Si quiero llegar a algo en la vida, si pretendo arreglar algunas cosas o lograr ciertos objetivos, lo primero que he de hacer es ser yo. Mientras no tenga identidad, mientras no esté vivo, presente, despierto de veras, no podré autodeterminarme; estaré constantemente determinado por las influencias extrañas, por cómo me sienta, por cómo me vayan las cosas, por la suerte que tenga; siempre estaré pendiente de lo otro. Éste es el gran problema de mucha gente. Unos protestan del trabajo que desempeñan, o del ambiente en que se mueven. Otros se encuentran muy mal en el ambiente familiar y les parece que toda la dificultad estriba en cambiar algunos modos de ser. Otros viven el conflicto en el mundo material, económico, y protestan de que cada vez haya mayor concurrencia, más competitividad, y se hace cada vez más difícil poder ganar el mínimo para una vida con cierta dignidad. Y siempre, siempre, se echa la culpa a la situación, y se busca la solución cambiando de ambiente, de trabajo, o buscando el modo de que los demás cambien, o las cosas cambien. Es muy posible que las cosas estén funcionando regularmente, mediocremente o incluso malamente, pero lo que es seguro es que, hasta que yo no cambie interiormente no podré vivir bien en el exterior. Si yo interiormente tengo conflictos, desajustes, contradicciones, esto me llevará a vivir esas contradicciones en el exterior. Yo nunca puedo hacer las cosas de un modo distinto a como soy realmente, y, si en mí hay contradicciones, mi modo de actuar será contradictorio; si en mí hay agresividad, mi modo de actuar reflejará esta agresividad. Así pues, mi problema interior lo estaré recreando constantemente en el exterior, de suerte que no hay posibilidad de cambio en el exterior hasta que la persona no cambie lo que es la matriz del problema, la causa del problema”

Antonio Blay, Creatividad y plenitud de vida

 

Aceptar lo que hay

LA PRESENCIA Y EL SENTIR CONSCIENTE CONSTITUYEN EL CAMINO DE LA SANACIÓN.png

Hoy quiero hablar de la aceptación; vengo observando que se ha popularizado el recomendar la aceptación para todos los problemas que causan sufrimiento a las personas. Parece una pastilla mágica que todo lo cura, pero tengo la impresión de que encierra muchas interpretaciones, a mi juicio peligrosas, que en poco o nada ayudan a las personas a lidiar con su sufrimiento. Por el contrario, a menudo les genera mayor frustración y desasosiego.

Desde el enfoque de la filosofía sapiencial hablamos de aceptación como la capacidad de estar con lo que hay, poner conciencia en nuestra experiencia y permitir su total desenvolvimiento. Mirar y sentir todo sin resistencia ni censura. En este sentido los estoicos consideraban que la esencia de la vida filosófica es la aceptación, la aceptación lúcida de la realidad.

En este mirar todo se incluye: la mirada hacia fuera, la realidad exterior y la mirada hacia dentro, mirarnos a nosotros mismos con la misma mirada objetiva y limpia con que miramos la realidad que nos rodea. La autoaceptación es la disposición a vernos y asumir lo que somos en este momento presento, aquí y ahora.

Asumir y vivenciar todas las dimensiones de nosotros mismos, sin rechazo, sin reproche, sin censura. Fluir con la experiencia personal. Dejarnos ser lo que somos.

“Cuando nos situamos en nuestra Presencia, estamos totalmente presentes en nuestra experiencia tal y como se está manifestando. Dejamos ser lo que es. En otras palabras, la Presencia en sí misma equivale a la aceptación…….

No se trata de plantearnos aceptar o no aceptar, como si la aceptación fuera una decisión que podemos llevar a cabo sin modificar nuestro nivel de conciencia. La aceptación no es el resultado de un empeño voluntarista. Es un acto de ser…”  Mónica Cavallé : El arte de ser

Y esto no significa que la aceptación implique una actitud de resignación ante la información que recibo de este ver lo que hay aquí y ahora, ni tampoco una búsqueda de justificaciones para asumir que esto es así sin más y debo aceptar que no va a cambiar. La aceptación no es un acto voluntario ni impuesto.

Sí puedo, por el contrario, tener disposición de aceptar tratando de desarrollar mi vida en un modo presente, en lo que vivo aquí y ahora y forma parte de esta aceptación, ser consciente de que en este momento no estoy pudiendo aceptar una determinada situación. Descansar en esto corresponde con nuestra realidad en innumerables situaciones.

Forzarnos a aceptar porque es la recomendación para dejar de sufrir, nos aumenta el sufrimiento porque realmente no es aceptar, es otra forma de resistirnos a nuestra experiencia presente tratando de evocar un estado de aceptación que ahora mismo no estoy viviendo.

Y esto no significa que la aceptación implique una actitud de resignación ante la información que recibo…

Ser consciente de que ahora en este momento no puedo aceptar una situación, una emoción, como es una determinada persona o el papel que desempeña en mi vida es aceptar y concienciar mi experiencia presente.

Lo que pone freno a la aceptación es nuestro pensamiento, ciertas barreras mentales que nos impiden asumir lo que esta ocurriendo aquí y ahora.

En el próximo post examinaremos algunas de esas barreras mentales como los famosos  “deberías”: pensar esto no es lo que debería estar sucediendo, las cosas deberían suceder de una determinada manera y nosotros sabemos cuál es…

Estar en conflicto con alguna faceta de nosotros mismos provoca negación a nuestra propia experiencia: como soy una buena persona no puedo experimentar envidia, celos, ira. Me niego a aceptar que lo estoy experimentando.

Taller aprender a decir que no.

Aquí os dejo toda la información sobre la próxima edición del taller que facilito junto a Sonia Cataño sobre nuestra relación con la asertividad y la capacidad de poner límites. Os remito a post anterior pinchando aquí dónde podéis encontrar toda la información del contenido. Si estáis interesados reservad vuestra plaza cuanto antes ya que son limitadas. Hasta pronto!!

El único modo de ser feliz es amando

Si no sabes amar tu vida pasará como un destello

Tras el visionado de la película El árbol de la vida dirigida por Terrence Malick, me surgieron muchas cuestiones acerca del sentido de la vida, hubo un diálogo concreto que me resonó mucho:

El único modo de ser feliz es amando.

Si no sabes amar tu vida pasará como un destello.

Sé bueno con los demás,

asómbrate,

ten esperanza.

De algún modo es una intuición que siempre me ha acompañado, la clave para una vida plena es vivir amando, en esa misión me encuentro y me parece un camino profundamente bello, lleno de aprendizajes,  a la vez que siento que me pongo a prueba cada día, que debo abrazar la honestidad y la incertidumbre constantemente, eso me resulta muy retador pero aveces me siento muy perdida, desubicada, sola.

Me encuentro con mis limites con mis heridas y tengo que detenerme a mirarlas de frente, examinarlas, ver como operan, aceptarlas para poder continuar. Aprender a amar se ha convertido en mi tarea de vida y cuanto más me cuestiono más ignorante me siento a este respecto.

Ojalá fuera esta una cuestión con la que pudiésemos familiarizarnos en nuestras familias, en las escuelas, en las calles, viviríamos mucho mejor si nos centrásemos en esta tarea que es vital para nuestro pleno desenvolvimiento.

A partir de la intuición de que el amor es la clave para la vida plena, me surgen preguntas a las que quiero encontrar respuestas y quiero compartirlas con todos vosotros que pasáis por este blog para que me ayudéis si está en vuestro ánimo a encontrar las respuestas.

¿qué es amar?

¿sabemos amar?

¿el amor esta regulado por normas?

¿podemos elegir lo que amamos?

¿cómo se aprende a amar?

Se asoman algunas intuiciones … amar será:

¿mirar con los ojos del asombro?

¿gratitud?

¿comprender, entender?

¿dejar ser?

¿ser fiel a uno mismo?

¿presencia en cada momento?

¿aceptar lo que es?

¿empatizar, tender la mano sin esperar nada?

¿perdonar?

¿saber ver la belleza de la singular esencia?

¿tener esperanza y confianza en la  vida?

¿Puede que el amor sea un estado y no una forma de relacionarnos?

¿Si estoy en amor, me quiero y acepto honestamente será más fácil  desplegar ese estado hacia fuera?

¿Por qué nos desconectamos del amor? ¿A dónde vamos cuando eso sucede?¿ al miedo?

Os animo a la indagación filosófica sobre el amor, escribidme!

Profundamente agradecida por la recomendación de la película!

Feliz verano!

Prohibido equivocarse

 

Cuanto miedo tenemos a equivocarnos, a no decir la palabra adecuada, a no tomar el camino correcto a no mostrar nuestros lados más vulnerables, a lo que digan de nosotros, que nos critiquen, que no seamos bien vistos, a darnos cuenta de que no somos lo que creemos.

¿Cuál fue el momento en el que perdimos la confianza en nosotros mismos? ¿Qué fue lo que nos hizo desarrollar una mirada desconfiada? ¿Cuáles son las consecuencias de vivir desde esta desconfianza? Supongo que hemos vivido una educación demasiado normativa en donde nuestra acción se ceñía a lo que podíamos o no hacer. Las explicaciones no llegaban y era todo por nuestro bien, porque lo decía la familia, porque lo decía la maestra, porque lo decía la autoridad. Era fácil concluir que no debíamos confiar en nuestro propio criterio, que nos debía decir lo que convenía hacer alguna autoridad moral externa.

No es sorprendente con tales antecedentes, el sufrimiento que a algunas personas nos causa tomar cualquier decisión y lo acomodaticios que podemos llegar a ser por miedo a equivocarnos, a no estar haciendo lo correcto, a que alguien nos regañe. Y para que hablar de los momentos en los que nos enfrentamos a un reto en el que queremos demostrar que lo sabemos hacer bien, tan identificados con este hacer, que si no resulta todo lo bien que habíamos pensado o resulta mal, se produce un sentimiento devastador de fracaso y cuestionamiento de nuestra propia valía. “Si no hago esto o aquello bien no valgo nada”

Definimos quien somos por las cosas que hacemos y así nos juzgamos y por ende juzgamos a los demás. Nuestra definición por nuestras acciones puede tener sentido, pero cuando somos capaces de incluir todos nuestros actos, no sólo algunos. Cuando ponemos toda nuestra valía en una acción, nos estamos identificando con esa acción, nos reducimos a eso.  Limitar nuestro ser a una dimensión de nuestra vida no nos permite desarrollarnos plenamente, nos causa sufrimiento y nos aleja de lo que realmente somos.

Pensar que las equivocaciones son fatales, que es lo peor que nos puede pasar, que mostrarlas es definir lo que somos como algo errado, ” somos errores” al final nos lleva a un miedo escénico tan grande que dejas de actuar para no mostrarte erróneo incompleto. Empiezas a vivir al otro lado de  la barrera, donde nadie se equivoca porque el que no hace, no dice, no muestra, no se arriesga, no se equivoca. Nos escondemos en la inacción perdiendo la oportunidad de crecer, de adquirir experiencia, de desarrollarnos plenamente.

Asumir las equivocaciones como oportunidades de aprendizaje puede cambiar todo el enfoque. La vida es un aprendizaje continuo, solamente tenemos que observar a los niños que aprenden en muchas ocasiones a andar después de haberse caído, que al principio cuando se caen se asustan pero poco a poco aprenden a levantarse y caminan cada vez con más agilidad y así con todos los retos que se les presenta.

Desde hace un tiempo me he aliado con la equivocación, he empezado a decir lo que pienso a mostrar lo que siento, a arriesgarme a hacer cosas nuevas, emprender nuevos caminos, a tomar la acción como principio. Y no voy a decir que no he sentido que me equivocaba en algunas de mis nuevas empresas, incluso cuando siento que he aprendido haciendo algo que no me ha salido muy bien me viene a la cabeza el pensamiento: no tenías que haber hecho esto o aquello fue una equivocación.

Ahora simplemente dejo que suene por mi cabeza sin hacer mucho ruido, porque me suena más fuerte vivir es errar y necesito errar para crecer para aprender cada día, reconocer mis errores, mis puntos débiles, mi ignorancia, me hace más feliz que pensar que soy perfecta y todo lo que hago debe corresponder a esa perfección. La realidad es que soy humanamente imperfecta y aceptar esta realidad me pone los pies en la tierra y me coloca en otra actitud más compresiva conmigo misma y con los demás.

Cuando te sabes imperfecto las críticas enriquecen si son constructivas y no nos afectan si no tienen que ver con nosotros. Comprendes que el camino se hace andando, tropezando, parando. Hacer las cosas lo mejor posibles no tiene por qué ser una exigencia que cause sufrimiento. El aprendizaje es un proceso, una práctica diaria en la que vas desarrollando tus habilidades y puede ser un disfrute aprender cada día.

El trabajo a través del asesoramiento filosófico se centra en definir esos patrones relacionados con la equivocación que nos provocan insatisfacción, frustración, inacción, enfado y tratar de darle voz a esas emociones para que nos vayan mostrando todas esas creencias limitadas con las que estamos operando. El diálogo filosófico nos dará la hondura adecuada para ir indagando y cuestionando todo este engranaje mental produciéndose cada vez más claridad, toma de conciencia y comprensión liberadora.