Orgullo LGTB+

 

Bandera orgullo con frase

El otro día en la consulta de asesoramiento filosófico abordamos el tema de la visibilidad lésbica. Todo surgió a partir de una creencia limitada que detectamos: “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista”.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos. Sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos.

En las consultas de asesoramiento filosófico buscamos definir el patrón de comportamiento y emoción que está causando sufrimiento a la persona que realiza el proceso y una vez que lo hemos definido, tratamos de ir viendo todas las creencias limitadas que subyacen a ese patrón; es decir, creencias que hemos adoptado como válidas y en función de las que operamos pero que nos causan sufrimiento por no estar ajustadas a la realidad.

Nuestra filosofía operativa está conformada por estos patrones y creencias. De muchos de ellos no tenemos apenas conciencia y es a través de este proceso de diálogo filosófico que van saliendo a la luz.

Pues bien, la creencia limitada “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista” lo es porque tal afirmación entraña que nuestro ser al mostrarse no va a ser bien recibido, e incluso que puede causar daño. Subyace que no soy ontológicamente mostrable, que no soy correcta, que debería ser de otra manera que fuese bien recibida y no causase daño. Creer esto nos impide descansar en lo que somos, amarnos incondicionalmente y aceptarnos para poder vivir satisfactoriamente.

En el caso que nos ocupa, el hecho de vivir como lesbiana en una sociedad heteronormativa, fomenta, a través de la experiencia vivida con episodios discriminatorios, el refuerzo de esta creencia cuando en nuestro entorno no aceptan como somos. Una interpretación puede ser que yo causo daño por ser así y por ello los demás sufren.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona.

Pero en realidad, lo que ocurre es que aquellos que nos rechazan sufren porque desean que seamos de otra forma y ese deseo escapa a sus posibilidades. Yo soy lo que soy y con ser no causo daño, lo que causa daño es la expectativa de que sea de alguna forma correspondiendo a la sociedad en la que vivo y por tanto a la norma de la heterosexualidad.

Esto causa frustración en algunas personas porque necesitan ser aceptadas por la sociedad e interpretan en contra de su propio ser como más necesaria la aceptación de los otros que poder descansar en lo que realmente somos sin juicios, con amor a nosotras mismas.

Por otro lado, la parte de la creencia que tiene que ver con el hecho de no ser bien vista se hace más fuerte porque realmente hay una mirada de la sociedad que no acoge esta forma de ser. Esto es una realidad, pero también es una realidad el ser lesbiana, y es mi realidad, forma parte de mi ser.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva en función de las capacidades o del nivel de comprensión desarrollado por las personas que nos rodean, podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona. Sí estará en nuestra mano tratar de ser nosotras mismas ajenas a esa mirada que no depende de nosotras.

Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser.

Cerrar los ojos e imaginar cómo sería nuestra vida si no tuviésemos esa creencia puede situarnos en el punto de partida de una vida vivida con naturalidad en armonía con una misma y la vez con los demás. Nos puede dar las fuerzas necesarias para transformar esta creencia. Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser. Mostrarme hace que mi realidad sea conocida y comprendida con naturalidad.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos y reivindicar la igualdad de las personas en esta sociedad. Necesitamos vivir en una sociedad que acoja las realidades de todas las personas, que no excluya y dificulte las diversas realidades, una sociedad en la que las personas puedan ser libremente.

Es trabajo nuestro sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos. Hoy os animo a emprender esa aventura de amarse a uno mismo y sentir el orgullo de ser.

Carta de amor

 

amarse a sí mismo

Hace ya 40 años que habito este ser. He tenido una vida fácil, he conocido muchas personas que me han aportado muchos aprendizajes, algunas aún continúan por aquí. Siempre he tenido la sensación de tener una buena vida, me he sentido muy querida, más o menos he tratado de hacer lo que deseaba y construir mi propio camino.

Sin embargo, he vivido siempre con una insatisfacción, un vacío que no se llenaba nunca. Ningún vínculo afectivo era suficiente, ningún objetivo cumplido, ninguna cosa material. Cuando me acercaba a mis logros, cuándo cumplía mis metas, surgía un vacío, una insatisfacción que me hacía volver a empezar la búsqueda.

Hace tiempo que llegue a la conclusión de que lo me faltaba era encontrarme a mí misma, escucharme, respetarme, me faltaba cuidarme a mí misma. Todas esas cosas que yo esperaba que vinieran de fuera y que me frustraba por no recibir en la forma que yo deseaba, estaban en mi mano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza.

El hecho de no dar espacio a mi voz, de no poner cuidado a mis necesidades, relegar a un segundo plano mi sentir, me ha llevado a situaciones que me han causado mucho sufrimiento. Interpretar que ese vacío sólo lo podían llenar otras personas, otras experiencias, algo externo, ponía mi objetivo en la búsqueda incansable fuera de mí. Simplemente no encontraba lo que buscaba. Creía que lo que dependía de mí realmente no dependía de mí. Según el filósofo estoico Epicteto, ésta es una de las causas de sufrimiento humano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza. Me puse en contacto con ese vacío de ser, habité una verdadera angustia existencial, me rendí y dejé de luchar por ser de otra forma, conecte con mi vulnerabilidad y ese fue el momento en el que entendí que mi vida era mi responsabilidad.

Todo lo que necesito debe brotar de mí, de la aceptación de mi propio ser, del descanso en lo que soy sin pretender siempre ser otra cosa. Esto es lo que soy y no debo ser de ninguna otra manera.

Hoy pensé que escribirme una carta de amor a mí misma podía ser un ejercicio de reconciliación y de compromiso con esta actitud filosófica encaminada a desvelar mi verdad para el resto de tiempo que estaré habitando este ser. Después me la leeré mirándome a un espejo como en la escena de la película Angel-a .

Quiero que sepas que a partir de hoy prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser. Acogeré tus heridas y te amaré tal y como eres, tus sombras y tus luces tienen su espacio conmigo, tus lágrimas no deben contenerse conmigo y tampoco tu alegría, tus risas y tus miedos están aquí a salvo.

Prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser

Te quiero incondicionalmente y estaremos juntas hasta el último aliento y más allá así que vamos a hacer de este camino un disfrute de ser. Trabajaremos juntas los apegos sanos y buscaremos rincones donde crecer, no vamos a aguantar la respiración y contenernos nunca más, porque no nos lleva a ningún sitio con amor. Y si no lo podemos cumplir siempre, no pasará nada, aceptaremos cuando las energías estén bajas y cuando la compresión no sea lo suficiente profunda como para aceptar las cosas.

Nos sentaremos a la orilla del mar y dejaremos que el rumor de las olas y la brisa acaricien nuestros sentidos, procurando la paz necesaria para continuar caminando. Viviremos el presente día a día impulsadas por la brevedad de la vida . Y cuando llegue la muerte aquí estaremos sin miedo preparadas para descansar en paz.

Os animo a hacer este ejercicio de escribiros una carta de amor a vosotros mismo y ver  que va pasando. Todos tenemos amor para nosotros mismos. Si os animáis con el ejercicio y os apetece contarme como va, estaré encantada de leeros.

 

 

¿Por qué no abandonamos las máscaras y nos mostramos tal y como somos?

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Definirnos a menudo nos lleva a la creación de un personaje y en la medida en que ese personaje se aleja de nuestro verdadero ser, nos puede traer sufrimiento. Un ejemplo de ello puede ser una persona que es muy sensible y emocional pero ha desarrollado un personaje frío y distante con la buena intención de sentirse protegido de las agresiones a esa emocionalidad y frialdad.

Esa persona sufrirá porque las necesidades de expresión de su emocionalidad  no están satisfechas, no se lo permite el personaje. Su verdad como ser emocional no se muestra, se produce una desconexión con su ser. No puede mostrar sus emociones porque su etiqueta de fría y distante no lo permite y porque tras esa etiqueta hay muchas creencias relacionadas con lo negativo de mostrar esas emociones.

Había algunas creencias relacionadas con el hecho de que si me mostraba, no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarse y ser dañada.

En mi proceso de asesoramiento filosófico trabajé el miedo a mostrarme, observé algunos patrones que había desarrollado y que estaban operando, que tenían como fondo un miedo a mostrarme como soy, miedo a que la expresión de mi ser no fuera bien recibida.

Había algunas creencias relacionadas con que si me mostraba no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarme y ser dañada.

Se desarrollaban por tanto en mí patrones de desconfianza , dificultad para abrazar mi vulnerabilidad, voz crítica y enjuiciadora conmigo misma que me impedía descansar en mi ser.

Hicimos un trabajo de transformación de estas creencias muy valioso. Algunas de las creencias que transformamos:

  • La vulnerabilidad es fortaleza y autenticidad, no debilidad.
  • Me conozco en la acción. La acción me revela. En la acción sabré lo que necesito saber.
  • Tengo derecho a expresar lo que pienso y siento en cada situación.
  • Si hablo y me contradicen, aprendo.
  • Mi expresión es dañina si es agresiva y exigente. Decir lo que pienso con respeto y asertividad, es el mejor regalo que puedo hacer a los demás, el regalo de mi verdad.
  • Me permito equivocarme. Expreso mi verdad aquí y ahora, y soy fiel a mi sentir aquí y ahora, sin caer en la “trampa de la congruencia” (creer que he de ser congruente con lo que dije en el pasado, y con la imagen que los demás han creado de mí).

Este trabajo ha sido fundamental para mí, me ha permitido sentirme libre para ser lo que soy, me ha ayudado a ir mostrando poco a poco mi ser desde la vulnerabilidad e ir gestionando mis miedo.

Sin duda queda mucho por hacer pero puedo aseguraros que cuando abrazo mi vulnerabilidad y me muestro tal y como soy sin máscaras, sin miedos, confiando, se produce algo que parece mágico. Conecto de tal modo con la humanidad honesta y bella que desprenden las personas que no quiero ser otra cosa que lo que soy, y no quiero ver otra cosa que lo es.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy? ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar? ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?

Hay muchos patrones que tienen que ver con este miedo a mostrarse, muchos más de los que en un primer momento quisiéramos imaginar. Os invito a empezar ese camino de cuestionamiento filosófico, ir sacando a la luz esas creencias limitadas, cuestionarlas, transformarlas.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy?, ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar?, ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?, ¿qué obtengo al no mostrarme?, ¿siento que me conocen y comprenden los demás?

Es profundamente liberador descansar en nuestro propio ser. Cuando descansas en lo que eres, en tu verdad, no sientes que tengas que ser de otra manera, ni que tengas que ocultarte, eres lo que eres sin más. En ese lugar nada puede dañarnos porque estamos en paz con nosotros mismos.

La belleza del mundo en mí

Esta semana tuve una una experiencia muy curiosa que ha descubierto un modo de sentir diferente en mí. Acudí a mis clase de Yoga en Virasana y al comienzo de la clase la profesora nos propuso un ejercicio de visualización: primero de las partes que considerábamos más bellas de nuestro cuerpo y después de las que considerábamos mas bellas de nuestro ser. La segunda parte del ejercicio consistía en visualizar las partes que nos parecían menos bellas del mismo modo.

Cuando me adentré en la visualización de las partes más bellas de mi cuerpo, no conseguía ver nada, me sentía angustiada, muy lejana de mi cuerpo. Pensé que tendría que ver con mi relación con mi cuerpo después del embarazo y parto. Sin embargo, cuando visualicé las partes bellas de mi ser me sentí mucho más cómoda En ese momento me aparecía mi ser como un todo, incluyendo el cuerpo.

Cita Mónica Cavallé

El hecho de buscar las partes bellas de mi cuerpo me llevó al concepto mental de canon de belleza, algo que no es extraño que suceda viviendo en la cultura que vivimos donde le damos tanta importancia al cuerpo como garantía de belleza. Ese concepto no me decía nada, me provocaba angustia ponerme ahí.

Sin embargo cuando pude conectar con mi ser descubrí bellas incluso las partes más oscuras. Sentí la belleza como imperfección, humanidad, sensibilidad, apertura, calidez y me rendí a ese sentimiento recogiendo mi cuerpo como parte indivisible de mi ser. Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Recordé esta parte de la película American Beauty que os comparto. Recuerdo que este fragmento de la película fue en su día causa de debate con una muy buena compañera y amiga que me decía que si de verdad me estaba pareciendo bello lo de la bolsa moviéndose. Yo le insistía en que sí, que en ocasiones había visto esa belleza en otras cosas que pueden parecer muy comunes o triviales. Ella no me entendía ni veía belleza en ello…

Si nos abrimos a la belleza del mundo nos podemos sentir sobrepasados por lo que sintamos porque hay mucha belleza en cada pequeña cosa. La vida es bella precisamente por sus imperfecciones, por sus cambios, por el aprendizaje, por la supervivencia y sobre todo por el amor que todo lo impregna y lo envuelve.

Supongo que es cuestión de formas de ver y de sentir, de disposición y manera de estar en la vida. Lo que hoy puedo afirmar sin duda es que esta forma de sentir y ver ha ido en aumento y a veces contengo mis emociones ante situaciones que me superan en capacidad de sentir belleza.

Todos poseemos una respuesta a la belleza, a la verdad y el bien, y es en ese significado propio en el único lugar donde reside nuestro ser y no en construcciones culturales o teorías.

Y tú, ¿has sentido la belleza en ti?

Tiempo para la tristeza

La tristeza es una emoción que a muchas personas nos causa resistencia, no encontramos el momento de estar tristes.

A veces se te pone un nudo en la garganta o esa nube gris encima de la cabeza que no te da tregua… pero rápidamente tragas saliva o piensas en otra cosa porque no tenemos tiempo de estar tristes, no nos viene bien que nos caigan cuatro lagrimas o sentirnos invadidos por la pena. Así que lo posponemos para una mejor ocasión, tal vez un ocioso domingo por la tarde.

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional y con ello de lo que somos, de lo que sentimos. Tal patrón de conducta hace que nuestros pensamientos, nuestra parte más racional, pase a guiar nuestra vida dejando de lado la parte emocional. Perdemos el equilibrio entre ambas dimensiones y de algún modo dejamos de funcionar bien.

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Las emociones tienen su función, que no es otra que expresar lo que sentimos; si nos negamos esto por las razones que sean, poco a poco nos negamos a nosotros mismos.

Algunas creencias  que acompañan este patrón de evitación de la tristeza pueden ser: si me dejo caer en ella no voy a ser capaz de salir, no me sirve de nada estar triste, si me pongo triste pierdo el tiempo, o cuando me entristezco no me quieren.

Sin embargo, si aceptamos la tristeza cuando llega tiene un poder de aprendizaje inmenso.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla.

En mi experiencia la tristeza produce una conexión con la realidad. Cuando aceptas esas partes de la realidad que tratas de negarte y le das ese espacio a la tristeza viviendo la emoción, te estás permitiendo ser. La tristeza puede formar parte del proceso de aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan o de las situaciones que no nos hacen sentir bien. Y entiendo aquí la aceptación no como resignación, sino como capacidad de ver la realidad y con este aprendizaje dar lugar al movimiento o al cambio.

Aceptar una situación que vivimos pero no nos gusta puede causarnos mucha tristeza pero a la vez el propio hecho de ponernos delante de tal situación y verla nos abre caminos.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla. Escuchemosla cuando llega y aceptemos el aprendizaje.

 

 

Mi carta de gratitud

Carta de gratitud de Raquel Díaz

“Gracias a la maternidad y al aprendizaje que estoy viviendo con ella, siento que después de muchos desencuentros he podido reencontrarme conmigo misma, con la niña que llevo dentro; con sus dolores y sus pasiones.

Está siendo un viaje intenso con paradas por lugares oscuros por donde no suelo querer habitar. Este paseo me ha enseñado que nada hay que temer, que ver lo que hay, que sentir lo que está, sólo puede traerme de regreso a mi propia vida.”

Experimentar la  gratitud puede ser una tarea difícil. A menudo estamos enganchados a la queja y el agradecimiento no tiene mucha cabida. La queja es absorbente y lo quiere todo para sí; nos envuelve y nos hace perder el rumbo. Sentarse a escribir una carta de agradecimiento puede ser un forma sencilla de conectar con esa gratitud.

Me dí cuenta que si me entregaba al agradecimiento iba a tener que abandonar la queja y eso me causaba cierto disgusto.

Cuando me propusieron hacer este ejercicio, fueron muchas las veces que me senté frente a un papel en blanco sin saber cómo empezar. Pensaba: ¿qué ocurre? ¿no tengo nada que agradecer? Siento que tengo muchas cosas en mi vida que me hacen sentir bien pero no soy capaz  de sacarlo.

Me dí cuenta que si me entregaba al agradecimiento iba a tener que abandonar la queja y eso me causaba cierto disgusto. Instalada en  la queja me sentía mal pero estaba cómoda. Noté el enfado y la ira envueltas en mi cabeza. La queja me proyectaba a exigencias futuras mientras la gratitud me conecta con el presente.

Un buen día me senté y de repente empecé a escribir el fragmento que os comparto al inicio de este post. Fue el comienzo, poco a poco fueron cayendo palabras en el folio y quedó completo por las dos caras.

Después decidí leer lo que había escrito en voz alta y sentí que la gratitud se había abierto paso y me había traído una apertura mental, una visión más objetiva y real de mí misma y de mi circunstancia.

Agradecer me lleva a un ejercicio de vulnerabilidad y honestidad conmigo misma.  La gratitud sincera tiene efectos curativos.

Agradecer me conecta conmigo misma y me centra. Agradecer abre la puerta a la aceptación y el amor. Agradecer me lleva a un ejercicio de vulnerabilidad y honestidad conmigo misma muy intenso. Agradecer me abre los ojos a la realidad, me da fuerza y me hace sentir paz y completud.

Si en algún momento os descubrís enganchados a la queja, notáis que perdéis la objetividad y no sois capaces de ver nada bueno en vuestra vida, os propongo realizar este ejercicio: tratad de escribir una carta de gratitud. Elegid el destinatario que deseéis, incluso una misma puede ser un buen destinatario, y después leedlo en alto. La gratitud sincera tiene efectos curativos.

Y a ti, ¿a quién te gustaría escribir una carta de gratitud?

El cambio

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Vivimos en un mundo cambiante, evolucionamos o involucionamos siempre generando cambios: en la naturaleza, en la ciencia, en la sociedad, en la forma de relacionarnos… nosotros mismos cambiamos cada día volviendo a nacer en cada despertar.

Tendemos a pensar que todo es fijo, seguro, que nada se mueve, nada cambia.

Desde mi perspectiva, vivimos en un mundo gobernado por el cambio y como afirmaba Heráclito bajo su filosofía centrada en el devenir: Todo fluye, todo cambia, nada permanece.

Además del cambio, me parece importante señalar otra condición de la vida: la finitud. Que todo cambie implica necesariamente que algo muera y dé paso a algo nuevo. Nacemos y morimos constantemente.

Y aunque todos entendemos que en esencia esto es así, nos cuesta percatarnos de este movimiento en el que vivimos y tendemos a pensar que todo es fijo, seguro, que nada se mueve. Este pensamiento nos puede causar problemas cuando la realidad nos enfrenta al cambio.

Pareciera que no hubiéramos caído en la cuenta de nuestra mortalidad. La muerte se ha convertido en uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad.

Hay quien se enfada ante los cambios en su día a día, quien no tolera el envejecimiento, quien le entristece que su mundo cambie.

Nos aferramos a la vida en muchas ocasiones como si fuésemos eternos e inmutables, nos cuesta aceptar esta realidad cambiante, este constante movimiento. Sentirnos mortales no nos hace mucha gracia, de hecho cuando se nos presenta cercano el fin no sabemos como gestionarlo. Pareciera que no hubiéramos caído en la cuenta de nuestra mortalidad.

La muerte se ha convertido en uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad. Lejos de verla como algo inevitable y familiar, la alejamos de nuestras mentes obviando su existencia .

Al aceptar la impermanencia de la vida y entender que estamos aquí de paso como todo lo que nos rodea, comenzamos a amar la vida tal y como es.

Si nos paramos un momento a pensar en ella  y le damos el lugar que tiene en nuestra vida, podemos aprender a vivir más conscientemente, abrazar el tiempo como el verdadero tesoro que es.

Al aceptar la impermanencia de la vida y entender que estamos aquí de paso comenzamos a amarla tal y como es. Sólo entonces disfrutamos de todos los momentos y crecemos dejando que se ilumine la grandeza que llevamos dentro.

 

 

La Huida

Es asombroso descubrir en nuestra forma de actuar mecanismos que han estado operando en nuestros comportamientos y que se camuflan bajo otras apariencias, la mayor parte de las veces en contra de lo que perseguimos.  Uno de estos mecanismos con los que me topé fue la huida, la huida como respuesta, como protección a los sentimientos, a las emociones. A una misma en definitiva. En mi búsqueda por encontrar explicaciones me di cuenta que se abría una ventana que traía mucha luminosidad.

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¿Qué quiere la huida para ti? Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

Tal huida, ¿está buscando algo positivo para mí? Quiere  protegerme, que no sufra, que no me hagan daño, que no me decepcionen; mantener mi integridad porque si me hacen daño, si me siento decepcionada, puedo sufrir, perder el control de mi vida, perderme en toda esa amalgama de sentimientos dolor, decepción, pena, soledad, aislamiento…..

Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

¿Y qué pasa cuando huyes? ¿Cómo te sientes? Siento que me han decepcionado, siento que me han dañado, me siento triste, sola, aislada, descontrolada… perdida en un drama mental que me causa mucho sufrimiento.

¿Consigue lo que se propone la huida? No, la huida persigue un bien para mí pero me trae sufrimiento y drama a mi vida. Me engancha a pensamientos del tipo: “No me quieren, para qué voy a estar aquí”, “no les hago falta”, ” no sirvo para nada”, “nadie me comprende”, “no merece la pena esta persona que no me comprende”.

SENTIR MI PRESENCIA EN ESE MOMENTO, RESPIRAR PROFUNDO, ATENDIENDO A TODAS LAS EMOCIONES QUE SIENTE MI CUERPO, ME ALEJA DEL DRAMA MENTAL QUE DESATA LA HUIDA.

¿Qué puedo hacer con este patrón de conducta?  Cuando soy capaz de ver cómo funciona un patrón de conducta en mi vida es cuando empieza la transformación; aceptar nuestras sombras y saber cómo funcionan es una herramienta fundamental para nuestra vida.

Sé que en determinados momentos se va desatar este patrón, lleva sucediendo así toda la vida, pero lo observo con atención, le doy el espacio que necesita a todos esos sentimientos que trae y entonces es cuando puedo calmar el sufrimiento mental, expresar mi vulnerabilidad, abrirme y mostrarme tal y como soy.

Sentir mi presencia en ese momento, respirar profundo, atendiendo a todas las emociones que siente mi cuerpo, me aleja del drama mental que desata la huida.

LA CLAVE FUE LA ACEPTACIÓN, LA DESIDENTIFICACIÓN, TRATAR DE VERLO TODO DE LA FORMA MAS OBJETIVA POSIBLE.

Cuando descubrí este patrón en mi forma de actuar me enfadé mucho porque identificaba esta forma de actuar con una forma de ser y me desagradaba ser así. Este enfado conmigo misma no ayudó mucho, me alejaba de ver las cosas tal y como eran me generaba más sufrimiento si cabe,. Tuve entonces dos asuntos que resolver: el enfado por cómo me había dado cuenta que actuaba y la forma de actuar en sí.

La clave fue la aceptación, la desidentificación, tratar de verlo todo de la forma mas objetiva posible. Y todo esto no hubiera sido posible si no me hubieran acompañado a través del asesoramiento filosófico Mónica, Cristina, Saverio y Nara a los que les estoy eternamente agradecida por su presencia y compañía en este camino. Gracias.

¿Quién soy?

A menudo sufrimos porque no somos lo que esperamos ser, nos planteamos exigencias ideales e inalcanzables sobre nosotros mismos que nos mantienen en un estado de sufrimiento, frustración, enfado. Queremos definirnos, cumplir con esas etiquetas que se han orquestado para definirnos.

Cuando pienso ahora en mí, en quién soy, no pienso en etiquetas, no necesito definirme. Es una sensación nueva, en este momento soy capaz de echar la vista atrás y ver que hasta ahora parecía importante tener un personaje definido para responder a la pregunta ¿quién soy?

Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?

Me doy cuenta que esto me provocaba malestar porque el hecho de tener que crear un personaje construido a partir de mil etiquetas me alejaba de quien realmente era yo. Las etiquetas, el personaje, las definiciones, vienen de fuera de mí, son constructos sociales y familiares. En definitiva, son conceptos ya definidos.

pensadores en el mar

Si tratamos de vernos a nosotros mismos como algo ya definido que tiene que encajar en algún sitio, ¿dónde queda la expresión de nuestro ser? ¿dónde queda la creatividad? ¿por qué tenemos que limitarnos?

Cuando pienso en quién soy yo, tiene muy poca importancia todas esas definiciones, incluso tiene poca importancia el yo. No quiero decir que el lenguaje, los conceptos y las etiquetas no tengan una función vital para nosotros, que es facilitarnos la comunicación. Lo que quiero decir es que no podemos permitir que esto nos limite, nos encierre y no nos deje ver más allá. Primero soy y luego defino lo que soy, si es que lo necesito.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, del ruido mental.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, me alejo del ruido mental y me acerco a la consonancia conmigo misma, valoro lo que me hace sentir lo que me llena.

Desde aquí respiro profundo y elijo lo que me hace sentir bien, elijo quererme, cuidarme y respetarme, elijo entenderme darme espacio, elijo honestidad conmigo misma. Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?