La belleza del mundo en mí

Esta semana tuve una una experiencia muy curiosa que ha descubierto un modo de sentir diferente en mí. Acudí a mis clase de Yoga en Virasana y al comienzo de la clase la profesora nos propuso un ejercicio de visualización: primero de las partes que considerábamos más bellas de nuestro cuerpo y después de las que considerábamos mas bellas de nuestro ser. La segunda parte del ejercicio consistía en visualizar las partes que nos parecían menos bellas del mismo modo.

Cuando me adentré en la visualización de las partes más bellas de mi cuerpo, no conseguía ver nada, me sentía angustiada, muy lejana de mi cuerpo. Pensé que tendría que ver con mi relación con mi cuerpo después del embarazo y parto. Sin embargo, cuando visualicé las partes bellas de mi ser me sentí mucho más cómoda En ese momento me aparecía mi ser como un todo, incluyendo el cuerpo.

Cita Mónica Cavallé

El hecho de buscar las partes bellas de mi cuerpo me llevó al concepto mental de canon de belleza, algo que no es extraño que suceda viviendo en la cultura que vivimos donde le damos tanta importancia al cuerpo como garantía de belleza. Ese concepto no me decía nada, me provocaba angustia ponerme ahí.

Sin embargo cuando pude conectar con mi ser descubrí bellas incluso las partes más oscuras. Sentí la belleza como imperfección, humanidad, sensibilidad, apertura, calidez y me rendí a ese sentimiento recogiendo mi cuerpo como parte indivisible de mi ser. Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Recordé esta parte de la película American Beauty que os comparto. Recuerdo que este fragmento de la película fue en su día causa de debate con una muy buena compañera y amiga que me decía que si de verdad me estaba pareciendo bello lo de la bolsa moviéndose. Yo le insistía en que sí, que en ocasiones había visto esa belleza en otras cosas que pueden parecer muy comunes o triviales. Ella no me entendía ni veía belleza en ello…

Si nos abrimos a la belleza del mundo nos podemos sentir sobrepasados por lo que sintamos porque hay mucha belleza en cada pequeña cosa. La vida es bella precisamente por sus imperfecciones, por sus cambios, por el aprendizaje, por la supervivencia y sobre todo por el amor que todo lo impregna y lo envuelve.

Supongo que es cuestión de formas de ver y de sentir, de disposición y manera de estar en la vida. Lo que hoy puedo afirmar sin duda es que esta forma de sentir y ver ha ido en aumento y a veces contengo mis emociones ante situaciones que me superan en capacidad de sentir belleza.

Todos poseemos una respuesta a la belleza, a la verdad y el bien, y es en ese significado propio en el único lugar donde reside nuestro ser y no en construcciones culturales o teorías.

Y tú, ¿has sentido la belleza en ti?

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Tiempo para la tristeza

La tristeza es una emoción que a muchas personas nos causa resistencia, no encontramos el momento de estar tristes.

A veces se te pone un nudo en la garganta o esa nube gris encima de la cabeza que no te da tregua… pero rápidamente tragas saliva o piensas en otra cosa porque no tenemos tiempo de estar tristes, no nos viene bien que nos caigan cuatro lagrimas o sentirnos invadidos por la pena. Así que lo posponemos para una mejor ocasión, tal vez un ocioso domingo por la tarde.

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional y con ello de lo que somos, de lo que sentimos. Tal patrón de conducta hace que nuestros pensamientos, nuestra parte más racional, pase a guiar nuestra vida dejando de lado la parte emocional. Perdemos el equilibrio entre ambas dimensiones y de algún modo dejamos de funcionar bien.

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Las emociones tienen su función, que no es otra que expresar lo que sentimos; si nos negamos esto por las razones que sean, poco a poco nos negamos a nosotros mismos.

Algunas creencias  que acompañan este patrón de evitación de la tristeza pueden ser: si me dejo caer en ella no voy a ser capaz de salir, no me sirve de nada estar triste, si me pongo triste pierdo el tiempo, o cuando me entristezco no me quieren.

Sin embargo, si aceptamos la tristeza cuando llega tiene un poder de aprendizaje inmenso.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla.

En mi experiencia la tristeza produce una conexión con la realidad. Cuando aceptas esas partes de la realidad que tratas de negarte y le das ese espacio a la tristeza viviendo la emoción, te estás permitiendo ser. La tristeza puede formar parte del proceso de aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan o de las situaciones que no nos hacen sentir bien. Y entiendo aquí la aceptación no como resignación, sino como capacidad de ver la realidad y con este aprendizaje dar lugar al movimiento o al cambio.

Aceptar una situación que vivimos pero no nos gusta puede causarnos mucha tristeza pero a la vez el propio hecho de ponernos delante de tal situación y verla nos abre caminos.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla. Escuchemosla cuando llega y aceptemos el aprendizaje.

 

 

Mi carta de gratitud

Carta de gratitud de Raquel Díaz

“Gracias a la maternidad y al aprendizaje que estoy viviendo con ella, siento que después de muchos desencuentros he podido reencontrarme conmigo misma, con la niña que llevo dentro; con sus dolores y sus pasiones.

Está siendo un viaje intenso con paradas por lugares oscuros por donde no suelo querer habitar. Este paseo me ha enseñado que nada hay que temer, que ver lo que hay, que sentir lo que está, sólo puede traerme de regreso a mi propia vida.”

Experimentar la  gratitud puede ser una tarea difícil. A menudo estamos enganchados a la queja y el agradecimiento no tiene mucha cabida. La queja es absorbente y lo quiere todo para sí; nos envuelve y nos hace perder el rumbo. Sentarse a escribir una carta de agradecimiento puede ser un forma sencilla de conectar con esa gratitud.

Me dí cuenta que si me entregaba al agradecimiento iba a tener que abandonar la queja y eso me causaba cierto disgusto.

Cuando me propusieron hacer este ejercicio, fueron muchas las veces que me senté frente a un papel en blanco sin saber cómo empezar. Pensaba: ¿qué ocurre? ¿no tengo nada que agradecer? Siento que tengo muchas cosas en mi vida que me hacen sentir bien pero no soy capaz  de sacarlo.

Me dí cuenta que si me entregaba al agradecimiento iba a tener que abandonar la queja y eso me causaba cierto disgusto. Instalada en  la queja me sentía mal pero estaba cómoda. Noté el enfado y la ira envueltas en mi cabeza. La queja me proyectaba a exigencias futuras mientras la gratitud me conecta con el presente.

Un buen día me senté y de repente empecé a escribir el fragmento que os comparto al inicio de este post. Fue el comienzo, poco a poco fueron cayendo palabras en el folio y quedó completo por las dos caras.

Después decidí leer lo que había escrito en voz alta y sentí que la gratitud se había abierto paso y me había traído una apertura mental, una visión más objetiva y real de mí misma y de mi circunstancia.

Agradecer me lleva a un ejercicio de vulnerabilidad y honestidad conmigo misma.  La gratitud sincera tiene efectos curativos.

Agradecer me conecta conmigo misma y me centra. Agradecer abre la puerta a la aceptación y el amor. Agradecer me lleva a un ejercicio de vulnerabilidad y honestidad conmigo misma muy intenso. Agradecer me abre los ojos a la realidad, me da fuerza y me hace sentir paz y completud.

Si en algún momento os descubrís enganchados a la queja, notáis que perdéis la objetividad y no sois capaces de ver nada bueno en vuestra vida, os propongo realizar este ejercicio: tratad de escribir una carta de gratitud. Elegid el destinatario que deseéis, incluso una misma puede ser un buen destinatario, y después leedlo en alto. La gratitud sincera tiene efectos curativos.

Y a ti, ¿a quién te gustaría escribir una carta de gratitud?

El cambio

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Vivimos en un mundo cambiante, evolucionamos o involucionamos siempre generando cambios: en la naturaleza, en la ciencia, en la sociedad, en la forma de relacionarnos… nosotros mismos cambiamos cada día volviendo a nacer en cada despertar.

Tendemos a pensar que todo es fijo, seguro, que nada se mueve, nada cambia.

Desde mi perspectiva, vivimos en un mundo gobernado por el cambio y como afirmaba Heráclito bajo su filosofía centrada en el devenir: Todo fluye, todo cambia, nada permanece.

Además del cambio, me parece importante señalar otra condición de la vida: la finitud. Que todo cambie implica necesariamente que algo muera y dé paso a algo nuevo. Nacemos y morimos constantemente.

Y aunque todos entendemos que en esencia esto es así, nos cuesta percatarnos de este movimiento en el que vivimos y tendemos a pensar que todo es fijo, seguro, que nada se mueve. Este pensamiento nos puede causar problemas cuando la realidad nos enfrenta al cambio.

Pareciera que no hubiéramos caído en la cuenta de nuestra mortalidad. La muerte se ha convertido en uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad.

Hay quien se enfada ante los cambios en su día a día, quien no tolera el envejecimiento, quien le entristece que su mundo cambie.

Nos aferramos a la vida en muchas ocasiones como si fuésemos eternos e inmutables, nos cuesta aceptar esta realidad cambiante, este constante movimiento. Sentirnos mortales no nos hace mucha gracia, de hecho cuando se nos presenta cercano el fin no sabemos como gestionarlo. Pareciera que no hubiéramos caído en la cuenta de nuestra mortalidad.

La muerte se ha convertido en uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad. Lejos de verla como algo inevitable y familiar, la alejamos de nuestras mentes obviando su existencia .

Al aceptar la impermanencia de la vida y entender que estamos aquí de paso como todo lo que nos rodea, comenzamos a amar la vida tal y como es.

Si nos paramos un momento a pensar en ella  y le damos el lugar que tiene en nuestra vida, podemos aprender a vivir más conscientemente, abrazar el tiempo como el verdadero tesoro que es.

Al aceptar la impermanencia de la vida y entender que estamos aquí de paso comenzamos a amarla tal y como es. Sólo entonces disfrutamos de todos los momentos y crecemos dejando que se ilumine la grandeza que llevamos dentro.

 

 

La Huida

Es asombroso descubrir en nuestra forma de actuar mecanismos que han estado operando en nuestros comportamientos y que se camuflan bajo otras apariencias, la mayor parte de las veces en contra de lo que perseguimos.  Uno de estos mecanismos con los que me topé fue la huida, la huida como respuesta, como protección a los sentimientos, a las emociones. A una misma en definitiva. En mi búsqueda por encontrar explicaciones me di cuenta que se abría una ventana que traía mucha luminosidad.

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¿Qué quiere la huida para ti? Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

Tal huida, ¿está buscando algo positivo para mí? Quiere  protegerme, que no sufra, que no me hagan daño, que no me decepcionen; mantener mi integridad porque si me hacen daño, si me siento decepcionada, puedo sufrir, perder el control de mi vida, perderme en toda esa amalgama de sentimientos dolor, decepción, pena, soledad, aislamiento…..

Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

¿Y qué pasa cuando huyes? ¿Cómo te sientes? Siento que me han decepcionado, siento que me han dañado, me siento triste, sola, aislada, descontrolada… perdida en un drama mental que me causa mucho sufrimiento.

¿Consigue lo que se propone la huida? No, la huida persigue un bien para mí pero me trae sufrimiento y drama a mi vida. Me engancha a pensamientos del tipo: “No me quieren, para qué voy a estar aquí”, “no les hago falta”, ” no sirvo para nada”, “nadie me comprende”, “no merece la pena esta persona que no me comprende”.

SENTIR MI PRESENCIA EN ESE MOMENTO, RESPIRAR PROFUNDO, ATENDIENDO A TODAS LAS EMOCIONES QUE SIENTE MI CUERPO, ME ALEJA DEL DRAMA MENTAL QUE DESATA LA HUIDA.

¿Qué puedo hacer con este patrón de conducta?  Cuando soy capaz de ver cómo funciona un patrón de conducta en mi vida es cuando empieza la transformación; aceptar nuestras sombras y saber cómo funcionan es una herramienta fundamental para nuestra vida.

Sé que en determinados momentos se va desatar este patrón, lleva sucediendo así toda la vida, pero lo observo con atención, le doy el espacio que necesita a todos esos sentimientos que trae y entonces es cuando puedo calmar el sufrimiento mental, expresar mi vulnerabilidad, abrirme y mostrarme tal y como soy.

Sentir mi presencia en ese momento, respirar profundo, atendiendo a todas las emociones que siente mi cuerpo, me aleja del drama mental que desata la huida.

LA CLAVE FUE LA ACEPTACIÓN, LA DESIDENTIFICACIÓN, TRATAR DE VERLO TODO DE LA FORMA MAS OBJETIVA POSIBLE.

Cuando descubrí este patrón en mi forma de actuar me enfadé mucho porque identificaba esta forma de actuar con una forma de ser y me desagradaba ser así. Este enfado conmigo misma no ayudó mucho, me alejaba de ver las cosas tal y como eran me generaba más sufrimiento si cabe,. Tuve entonces dos asuntos que resolver: el enfado por cómo me había dado cuenta que actuaba y la forma de actuar en sí.

La clave fue la aceptación, la desidentificación, tratar de verlo todo de la forma mas objetiva posible. Y todo esto no hubiera sido posible si no me hubieran acompañado a través del asesoramiento filosófico Mónica, Cristina, Saverio y Nara a los que les estoy eternamente agradecida por su presencia y compañía en este camino. Gracias.

¿Quién soy?

A menudo sufrimos porque no somos lo que esperamos ser, nos planteamos exigencias ideales e inalcanzables sobre nosotros mismos que nos mantienen en un estado de sufrimiento, frustración, enfado. Queremos definirnos, cumplir con esas etiquetas que se han orquestado para definirnos.

Cuando pienso ahora en mí, en quién soy, no pienso en etiquetas, no necesito definirme. Es una sensación nueva, en este momento soy capaz de echar la vista atrás y ver que hasta ahora parecía importante tener un personaje definido para responder a la pregunta ¿quién soy?

Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?

Me doy cuenta que esto me provocaba malestar porque el hecho de tener que crear un personaje construido a partir de mil etiquetas me alejaba de quien realmente era yo. Las etiquetas, el personaje, las definiciones, vienen de fuera de mí, son constructos sociales y familiares. En definitiva, son conceptos ya definidos.

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Si tratamos de vernos a nosotros mismos como algo ya definido que tiene que encajar en algún sitio, ¿dónde queda la expresión de nuestro ser? ¿dónde queda la creatividad? ¿por qué tenemos que limitarnos?

Cuando pienso en quién soy yo, tiene muy poca importancia todas esas definiciones, incluso tiene poca importancia el yo. No quiero decir que el lenguaje, los conceptos y las etiquetas no tengan una función vital para nosotros, que es facilitarnos la comunicación. Lo que quiero decir es que no podemos permitir que esto nos limite, nos encierre y no nos deje ver más allá. Primero soy y luego defino lo que soy, si es que lo necesito.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, del ruido mental.

Para ser me responsabilizo de mi vida, me alejo de lo que no me interesa o de lo que no me aporta, me alejo del ruido mental y me acerco a la consonancia conmigo misma, valoro lo que me hace sentir lo que me llena.

Desde aquí respiro profundo y elijo lo que me hace sentir bien, elijo quererme, cuidarme y respetarme, elijo entenderme darme espacio, elijo honestidad conmigo misma. Y tú, ¿quien eres? ¿qué estás eligiendo  para ti?

Confianza en uno mismo

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“Un hombre debería aprender a detectar y contemplar ese relámpago de luz que le atraviesa la mente desde el interior de sí mismo, más resplandeciente que el brillo que dejaron en el firmamento los bardos y los sabios que le han precedido. Sin embargo, ese hombre deja pasar por alto su pensamiento tan solo porque es suyo.” Ralph Waldo Emerson: Confianza en uno mismo

Cuantas veces hemos sentido esta sensación que nos describe Ralph Waldo Emerson en su libro Confianza en uno mismo. Dejar pasar por alto tu pensamiento sólo porque es tuyo y no te merece demasiado respeto; permaneces abierto a las palabras de otros que pueden ser sabios o no serlo, pero le vas a conceder esa escucha y esa apertura por lo que puedan decir. Te vas a mantener silenciado aún cuando no compartes lo que escuchas, incluso cuando no te resulta indiferente y te está causando daño.

Sin embargo, con esa idea que aparece como une relámpago de luz atravesando nuestra mente desde el interior de nosotros mismos, con esa iniciativa de poner voz, no vamos a ser tan amables. No hay confianza en nosotros mismos, no confiamos en que podamos tomar la palabra y tener algo bueno que decir, algo útil, algo interesante… eso quedó descartado hace tiempo. Se ha convertido en una forma de estar y de no ser.

La búsqueda de nuestra seguridad en otras personas es una búsqueda que nunca termina porque Porque nadie puede ser por ti.

Cuando no respetamos nuestra voz o ni si quiera la escuchamos, cuando pensamos y buscamos el sentido fuera de nosotros mismos sin tener en cuenta lo que nosotros somos y las necesidades que ese ser uno mismo requiere, probablemente es porque tenemos la confianza en nosotros mismos dañada y por ende nuestro sentir, nuestro deseos y nuestra satisfacción. Con esta filosofía operativa nunca nos sentimos bien con nosotros mismos.

La búsqueda de nuestra seguridad en otras personas, en otros lugares, en otros saberes, es una búsqueda que nunca termina porque pretende llenar un vacío de ser que nunca se completa. Porque nadie puede ser por ti.

Por exceso y por defecto la confianza en uno mismo se convierte en una trampa para nuestra vida. Por defecto porque los ojos miran con temor, desconfiados, la interpretación siempre hace daño y nunca somos lo suficiente para ser vistos; por exceso porque somos muy grandes, más grandes que los otros, arrogantes con una vida que se nos queda pequeña para todos los atributos que creemos tener.

La confianza en uno mismo desde el asesoramiento filosófico se trabaja dejando que hable mi ser esencial.

Ninguna de las dos graduaciones nos da un conocimiento real de lo que somos y de nuestra circunstancia. Este enfoque alejado de la realidad nos impide vivir conscientes, con los pies en la tierra y los ojos despiertos. Por tanto vivimos otra realidad producto de nuestra interpretación sesgada del mundo. Esto nos lleva a sentirnos pequeños, frustrados, cegados, superiores, desconectados, insatisfechos..

La confianza en uno mismo desde el asesoramiento filosófico se trabaja desde el análisis de nuestra filosofía operativa, de nuestras creencias limitadas, poniendo luz en esos espacios que queremos llenar y dejando que hable mi ser esencial. A través de un ejercicio de aceptación y vulnerabilidad. Esto es lo que se considera una actitud filosófica compromiso y disposición para ver las cosas tal y como son.