La reflexión filosófica también me ayuda en la crianza.

La crianza entraña muchas cuestiones definitivas en el desarrollo de las personas. Hacer una reflexión filosófica acerca de esta tarea tan infravalorada produce cambios muy importantes en la vida de los niños y de los adultos  responsables de la crianza. En éstas me encuentro desde que decidí ser madre y quiero compartir algunas reflexiones con vosotros.

¿De dónde parto cuando se me plantea  difícil la tarea de criar? Parto de una experiencia personal, de una mirada construida a partir de esa experiencia, parto de mi mísma de lo que me faltó, de lo que me resultó difícil encarar, de unas heridas de infancia, de un ser sin plenitud.

Proyectamos casi de manera inevitable sobre sus vidas nuestra experiencia. Conviene que seamos capaces de ver con claridad de dónde partimos, cada uno de nuestra propia circunstancia.

Hacer una reflexión filosófica acerca de esta tarea tan infravalorada produce cambios muy importantes en la vida de los niños y los adultos responsables de la crianza.

Otra cuestión bien distinta es que de nuestra experiencia hayamos creado un aprendizaje y tengamos claros algunos puntos en los que queremos poner más atención porque nos dieron problemas. Importante esta diferencia entre proyectar y aprovechar aprendizaje de experiencia vivida porque en el proyectar no se deja espacio para el niño, ahí el centro eres tú y tu dolor, y cuando aprovechas la experiencia para mirar con más atención estás dejando al niño que tenga su propio lugar.

Los peligros que temía eran justo esas proyecciones de un ideal sobre ellos, no ser capaz de ver lo que el niño necesita, saber hacerles sentir seguros, que sientan el amor en el que les criamos, que no sean niños heridos por no ser vistos en su ser, no saber dotarlos de herramientas necesarias para vivir de manera autónoma, a veces dudo tenerlas yo misma.

Conviene que seamos capaces de ver con claridad de dónde partimos, cada uno de nuestra propia circunstancia.

Sentía que para hacerlo bien necesitaba un manual de instrucciones escrito por personas que supiesen mucho del tema y seguirlas al pie de la letra para no fallar. Me documenté mucho, me hice con libros, teorías pedagógicas, todos los temas de la crianza me interesaban, el apego seguro, la alimentación, la comunicación, el juego…

Llegó un momento en que tenía la cabeza a punto de estallar, un maremagnum de ideas dando vueltas, algunas opuestas. Con esto sólo conseguí bloquearme y no saber por donde salir o a qué prestar atención. La crianza ya estaba aquí y requería mucho tiempo y dedicación y la inseguridad propia de estos primeros momentos unida a la inseguridad creada por tanta documentación me hicieron pasar una época difícil.

Buscar recetas para saber qué hacer en cualquier momento sólo era una respuesta para compensar mi inseguridad. Pensar en poder aplicar normas generales a los niños es muy frustrante porque independientemente de que haya cosas comunes entendiéndose en cada contexto, cada niño es un ser único, no hay otra persona igual.

Y comprendí que así es como debemos tratarlos: como seres únicos, como una expresión de vida original.

Cuando nuestra mirada viene de ahí es más comprensiva, deja de comparar, te permite comunicarte con su ser más esencial. Y si ellos son únicos, cada uno de nosotros también lo somos, dignos de amor y susceptibles de ser vistos tal y como somos en nuestra singularidad desde nuestro ser profundo.

Buscar recetas para saber qué hacer en cualquier momento sólo era una respuesta para compensar mi inseguridad.

Respetar lo que somos, amarnos incondicionalmente, aceptar nuestras luces y sombras, vivir presentes y conscientes el mayor tiempo posible, caminar con esa actitud filosófica de ser cada día más reales es la clave para que nuestros hijos puedan desarrollarse de una forma sana, siendo respetados y comprendidos como los seres únicos que son y puedan desarrollarse del mismo modo.

Al final, siempre la respuesta está dentro de una mismo:

Vive y quiérete , sé tú mismo y deja que tu ser se exprese y esto mismo será lo que tus hijos aprenderán a hacer.

Aprende a gestionar tus emociones, reconcíliate con tus heridas y siente tus vacíos.

Muéstrate tal cual eres en tu vulnerabilidad, no construyas máscaras y muros para protegerte. Porque si haces eso no dejarás que te vean ni que sepan quien eres.

Apuesta por dar lo mejor de ti en cada momento, siente tus emociones todas, no hay buenas y malas todas deben salir, ser expresadas.

Juega con ellos, abrázalos, cuéntales lo que piensas lo que sientes, dales confianza y espacio para ser independientes de ti, prepara la pista de despegue, ayúdales a que consigan todo lo que necesitan para volar.. y ¡déjales que vuelen! A estas alturas ya sabrán que estarás  ahí dandoles tu amor incondicionalmente siempre, no hará falta más .

Al final, siempre la respuesta está dentro de uno mismo: vive y quiérete , sé tú mismo y deja que tu ser se exprese y esto mismo será lo que tus hijos aprenderán a hacer.

Estas son algunas de las reflexiones que he desarrollado en este tiempo de crianza, intento integrarlas en mi día a día pero no siempre lo consigo, trato de no juzgarme por ello sólo mirarme  y aceptarme humanamente imperfecta.

Me encantaria conocer las vuestras intuiciones y aprendizajes, es un camino tan personal y experiencial el de la crianza que todas las voces aportan conocimientos valiosos. Os animo a que  compartáis las vuestras en los comentarios  o a través del contacto. ¡¡Gracias!!

Las despedidas forman parte de la vida

Hay despedidas que duelen en el alma, que mueven, que te conectan con el dolor profundo de la pérdida definitiva.

Hay despedidas que llenan de admiración cuando se acepta el final con humildad.

Hay despedidas que te recuerdan que cerca de ti hay muchos buenos y generosos corazones.

Hay despedidas que nunca quisiste imaginar, hay palabras que no quieres pronunciar.

Hay despedidas que cambian la mirada, que te alejan de lo accesorio y te conectan con lo esencial.

Hay despedidas de hombres buenos que te parten el corazón.

Hay despedidas que generan amor unión sostén para soportar el dolor.

Hay despedidas que se llevan una parte de tu vida que ya sólo quedará en tu corazón.

Buen viaje a los que se han ido, aquí queda su ser en cada uno de nosotros, aquí queda su amor y su genuina grandeza.

¡Adiós!

¡Únete a nuestro grupo de mujeres para el crecimiento personal!

“El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez  de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género.”

Chimamanda Ngozi Adichie

Hace ya un tiempo que vengo observando en las consultas que hay una necesidad de un espacio seguro donde poder mostrarse. A la vez he podido detectar algunos patrones comunes en las mujeres y los empiezo a relacionar con esta sociedad en la que vivimos que nos presiona para asumir roles que no encajan en nuestra forma de ser y sentir.

A veces quedamos encerradas en ese deber ser tan potenciado que nos olvidamos de quienes somos de verdad.

Fruto de todas estas observaciones y sentimientos personales relacionados con nuestro género nacieron las conversaciones con Sonia Cataño y el deseo de crear un espacio juntas donde las mujeres puedan expresarse tal y como son y puedan mirarse y reconocerse o no en las otras, puedan construir un vinculo de escucha comprensiva, de cariño de respeto y en esta actitud emprender un crecimiento personal que nos haga sentir más satisfechas y plenas.

El proyecto se ha hecho realidad y el  miercoles 17 de Octubre a las 19:00 horas emprendemos el camino con el grupo de mujeres para el crecimiento personal, dos miercoles al mes, de Octubre a Junio. Si estas interesada en conocerte, conectar con tus emociones, aprender a mirar desde tu propio ser en un espacio respetuoso y cálido este es tu sitio, contacta con nosotras y únete al grupo. Te estamos esperando.

Aquí os dejo toda la información:

Cartel grupo de mujeres

 

Y eso del asesoramiento filosófico ¿qué es?

Muchas personas me preguntan a qué me dedico, qué es eso del asesoramiento filosófico, y suelo comenzar a explicar que la filosofía en sus orígenes se planteaba como el arte de aprender a vivir, y les menciono a Sócrates, el diálogo Socrático, la mayéutica … y ya les he perdido.

En ese punto parece que empiezo a hablar otro idioma y, aunque no me lo dicen, lo veo en sus caras. Me doy cuenta de que las preguntas desaparecen, no vaya a parecer que si no saben de qué les hablo sean unos ignorantes. Nada más lejos de la realidad: ignorancia la mía que no doy con la tecla. Para empezar un proceso de asesoramiento no es necesario tener conocimientos de filosofía.

Cambio el tercio y abordo el asunto desde lo que es una relación de ayuda para poder vivir una vida más consciente, para poder vivir en contacto con nuestra verdad, poner luz a esas zonas oscuras de nuestra vida que están en potencia y piden desplegarse, aceptar la realidad. Ahora la cara ya puede variar porque estamos en una época que la palabra consciente se ha puesto de moda y por ahí puedo conectar con algunas personas.  Luego están los que no les van las modas y piensan que esto es otra intensidad más de la ola del hipsterismo. Tampoco va de eso.

Para empezar un proceso de asesoramiento no es necesario tener conocimientos de filosofía.

La filosofía es una disciplina muy antigua preocupada por las cuestiones existenciales, es una actitud ante la vida, una manera de mirar que lleva vigente más de dos milenios, demasiado para ser una moda.

Quedan entonces aquellos a los que no he perdido en el camino pero aún no he conseguido dar una respuesta satisfactoria. Empiezan a intuir de qué va esto y suelen preguntar “¿es como ir al psicólogo?”. Y aquí me toca abordar semejanzas y diferencias de ambas disciplinas. La Filosofía parió a la Psicología de manera que las semejanzas están presentes, el interés común por comprender y superar el sufrimiento humano es una de ellas, los enfoques para plantearlo son las diferencias.

En el asesoramiento filosófico el asesorado o consultante no es un paciente, no se diagnostican ni tratan patologías, el asesorado es una persona que se enfrenta a situaciones propias de la vida que le presentan dificultad. La propia existencia individual de cada uno nos trae una serie de situaciones que debemos abordar y no siempre sabemos cómo hacerlo o nos sentimos con falta de recursos para ello.

el asesorado no es un paciente, no se diagnostican ni tratan patologías, el asesorado es una persona que se enfrenta a situaciones propias de la vida que le presentan dificultad.

Ejemplo de estas situaciones pueden ser: una sensación de desidia por llevar una vida que no le satisface, una relación personal que genera sufrimiento, un momento de conflicto en la crianza de los hijos, dificultad para asumir nuestra identidad…

Este tipo de cuestiones nos requiere tomarnos un tiempo para detenernos y hacer una indagación en la situación, planteandonos preguntas: ¿por qué he llegado a este punto? ¿cómo me siento cuando sucede esto? ¿por qué respondo de esta forma? Es el momento de escucharnos a nosotros mismos y tratar de ver qué filosofía operativa, qué sistema de creencias y pensamientos están detrás de nuestra forma de actuar.

Sale el sol

El papel de filósofo es acompañar en esa indagación, es plantear preguntas concretas que ayuden a la persona a clarificar la situación y pueda verse a sí misma de un manera más real y así ir dilucidando cuáles pueden ser las claves del malestar para poder superarlo.

Las herramientas del filósofo en este acompañamiento son la escucha, la empatía, la elaboración de preguntas, planteamiento de ejercicios filosóficos que ayuden a clarificar, una actitud de humildad y respeto por la sabiduría personal de las personas a las que acompaña.

Cuando no he conseguido a través de mis explicaciones clarificar en qué consiste el asesoramiento filosófico desisto de más explicaciones y propongo encontrarnos en el despacho o a través de una videoconferencia y empezar el acompañamiento. Una experiencia vivida vale más que mil palabras.

 

 

Orgullo LGTB+

 

Bandera orgullo con frase

El otro día en la consulta de asesoramiento filosófico abordamos el tema de la visibilidad lésbica. Todo surgió a partir de una creencia limitada que detectamos: “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista”.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos. Sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos.

En las consultas de asesoramiento filosófico buscamos definir el patrón de comportamiento y emoción que está causando sufrimiento a la persona que realiza el proceso y una vez que lo hemos definido, tratamos de ir viendo todas las creencias limitadas que subyacen a ese patrón; es decir, creencias que hemos adoptado como válidas y en función de las que operamos pero que nos causan sufrimiento por no estar ajustadas a la realidad.

Nuestra filosofía operativa está conformada por estos patrones y creencias. De muchos de ellos no tenemos apenas conciencia y es a través de este proceso de diálogo filosófico que van saliendo a la luz.

Pues bien, la creencia limitada “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista” lo es porque tal afirmación entraña que nuestro ser al mostrarse no va a ser bien recibido, e incluso que puede causar daño. Subyace que no soy ontológicamente mostrable, que no soy correcta, que debería ser de otra manera que fuese bien recibida y no causase daño. Creer esto nos impide descansar en lo que somos, amarnos incondicionalmente y aceptarnos para poder vivir satisfactoriamente.

En el caso que nos ocupa, el hecho de vivir como lesbiana en una sociedad heteronormativa, fomenta, a través de la experiencia vivida con episodios discriminatorios, el refuerzo de esta creencia cuando en nuestro entorno no aceptan como somos. Una interpretación puede ser que yo causo daño por ser así y por ello los demás sufren.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona.

Pero en realidad, lo que ocurre es que aquellos que nos rechazan sufren porque desean que seamos de otra forma y ese deseo escapa a sus posibilidades. Yo soy lo que soy y con ser no causo daño, lo que causa daño es la expectativa de que sea de alguna forma correspondiendo a la sociedad en la que vivo y por tanto a la norma de la heterosexualidad.

Esto causa frustración en algunas personas porque necesitan ser aceptadas por la sociedad e interpretan en contra de su propio ser como más necesaria la aceptación de los otros que poder descansar en lo que realmente somos sin juicios, con amor a nosotras mismas.

Por otro lado, la parte de la creencia que tiene que ver con el hecho de no ser bien vista se hace más fuerte porque realmente hay una mirada de la sociedad que no acoge esta forma de ser. Esto es una realidad, pero también es una realidad el ser lesbiana, y es mi realidad, forma parte de mi ser.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva en función de las capacidades o del nivel de comprensión desarrollado por las personas que nos rodean, podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona. Sí estará en nuestra mano tratar de ser nosotras mismas ajenas a esa mirada que no depende de nosotras.

Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser.

Cerrar los ojos e imaginar cómo sería nuestra vida si no tuviésemos esa creencia puede situarnos en el punto de partida de una vida vivida con naturalidad en armonía con una misma y la vez con los demás. Nos puede dar las fuerzas necesarias para transformar esta creencia. Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser. Mostrarme hace que mi realidad sea conocida y comprendida con naturalidad.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos y reivindicar la igualdad de las personas en esta sociedad. Necesitamos vivir en una sociedad que acoja las realidades de todas las personas, que no excluya y dificulte las diversas realidades, una sociedad en la que las personas puedan ser libremente.

Es trabajo nuestro sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos. Hoy os animo a emprender esa aventura de amarse a uno mismo y sentir el orgullo de ser.

Carta de amor

 

amarse a sí mismo

Hace ya 40 años que habito este ser. He tenido una vida fácil, he conocido muchas personas que me han aportado muchos aprendizajes, algunas aún continúan por aquí. Siempre he tenido la sensación de tener una buena vida, me he sentido muy querida, más o menos he tratado de hacer lo que deseaba y construir mi propio camino.

Sin embargo, he vivido siempre con una insatisfacción, un vacío que no se llenaba nunca. Ningún vínculo afectivo era suficiente, ningún objetivo cumplido, ninguna cosa material. Cuando me acercaba a mis logros, cuándo cumplía mis metas, surgía un vacío, una insatisfacción que me hacía volver a empezar la búsqueda.

Hace tiempo que llegue a la conclusión de que lo me faltaba era encontrarme a mí misma, escucharme, respetarme, me faltaba cuidarme a mí misma. Todas esas cosas que yo esperaba que vinieran de fuera y que me frustraba por no recibir en la forma que yo deseaba, estaban en mi mano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza.

El hecho de no dar espacio a mi voz, de no poner cuidado a mis necesidades, relegar a un segundo plano mi sentir, me ha llevado a situaciones que me han causado mucho sufrimiento. Interpretar que ese vacío sólo lo podían llenar otras personas, otras experiencias, algo externo, ponía mi objetivo en la búsqueda incansable fuera de mí. Simplemente no encontraba lo que buscaba. Creía que lo que dependía de mí realmente no dependía de mí. Según el filósofo estoico Epicteto, ésta es una de las causas de sufrimiento humano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza. Me puse en contacto con ese vacío de ser, habité una verdadera angustia existencial, me rendí y dejé de luchar por ser de otra forma, conecte con mi vulnerabilidad y ese fue el momento en el que entendí que mi vida era mi responsabilidad.

Todo lo que necesito debe brotar de mí, de la aceptación de mi propio ser, del descanso en lo que soy sin pretender siempre ser otra cosa. Esto es lo que soy y no debo ser de ninguna otra manera.

Hoy pensé que escribirme una carta de amor a mí misma podía ser un ejercicio de reconciliación y de compromiso con esta actitud filosófica encaminada a desvelar mi verdad para el resto de tiempo que estaré habitando este ser. Después me la leeré mirándome a un espejo como en la escena de la película Angel-a .

Quiero que sepas que a partir de hoy prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser. Acogeré tus heridas y te amaré tal y como eres, tus sombras y tus luces tienen su espacio conmigo, tus lágrimas no deben contenerse conmigo y tampoco tu alegría, tus risas y tus miedos están aquí a salvo.

Prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser

Te quiero incondicionalmente y estaremos juntas hasta el último aliento y más allá así que vamos a hacer de este camino un disfrute de ser. Trabajaremos juntas los apegos sanos y buscaremos rincones donde crecer, no vamos a aguantar la respiración y contenernos nunca más, porque no nos lleva a ningún sitio con amor. Y si no lo podemos cumplir siempre, no pasará nada, aceptaremos cuando las energías estén bajas y cuando la compresión no sea lo suficiente profunda como para aceptar las cosas.

Nos sentaremos a la orilla del mar y dejaremos que el rumor de las olas y la brisa acaricien nuestros sentidos, procurando la paz necesaria para continuar caminando. Viviremos el presente día a día impulsadas por la brevedad de la vida . Y cuando llegue la muerte aquí estaremos sin miedo preparadas para descansar en paz.

Os animo a hacer este ejercicio de escribiros una carta de amor a vosotros mismo y ver  que va pasando. Todos tenemos amor para nosotros mismos. Si os animáis con el ejercicio y os apetece contarme como va, estaré encantada de leeros.

 

 

¿Por qué no abandonamos las máscaras y nos mostramos tal y como somos?

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Definirnos a menudo nos lleva a la creación de un personaje y en la medida en que ese personaje se aleja de nuestro verdadero ser, nos puede traer sufrimiento. Un ejemplo de ello puede ser una persona que es muy sensible y emocional pero ha desarrollado un personaje frío y distante con la buena intención de sentirse protegido de las agresiones a esa emocionalidad y frialdad.

Esa persona sufrirá porque las necesidades de expresión de su emocionalidad  no están satisfechas, no se lo permite el personaje. Su verdad como ser emocional no se muestra, se produce una desconexión con su ser. No puede mostrar sus emociones porque su etiqueta de fría y distante no lo permite y porque tras esa etiqueta hay muchas creencias relacionadas con lo negativo de mostrar esas emociones.

Había algunas creencias relacionadas con el hecho de que si me mostraba, no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarse y ser dañada.

En mi proceso de asesoramiento filosófico trabajé el miedo a mostrarme, observé algunos patrones que había desarrollado y que estaban operando, que tenían como fondo un miedo a mostrarme como soy, miedo a que la expresión de mi ser no fuera bien recibida.

Había algunas creencias relacionadas con que si me mostraba no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarme y ser dañada.

Se desarrollaban por tanto en mí patrones de desconfianza , dificultad para abrazar mi vulnerabilidad, voz crítica y enjuiciadora conmigo misma que me impedía descansar en mi ser.

Hicimos un trabajo de transformación de estas creencias muy valioso. Algunas de las creencias que transformamos:

  • La vulnerabilidad es fortaleza y autenticidad, no debilidad.
  • Me conozco en la acción. La acción me revela. En la acción sabré lo que necesito saber.
  • Tengo derecho a expresar lo que pienso y siento en cada situación.
  • Si hablo y me contradicen, aprendo.
  • Mi expresión es dañina si es agresiva y exigente. Decir lo que pienso con respeto y asertividad, es el mejor regalo que puedo hacer a los demás, el regalo de mi verdad.
  • Me permito equivocarme. Expreso mi verdad aquí y ahora, y soy fiel a mi sentir aquí y ahora, sin caer en la “trampa de la congruencia” (creer que he de ser congruente con lo que dije en el pasado, y con la imagen que los demás han creado de mí).

Este trabajo ha sido fundamental para mí, me ha permitido sentirme libre para ser lo que soy, me ha ayudado a ir mostrando poco a poco mi ser desde la vulnerabilidad e ir gestionando mis miedo.

Sin duda queda mucho por hacer pero puedo aseguraros que cuando abrazo mi vulnerabilidad y me muestro tal y como soy sin máscaras, sin miedos, confiando, se produce algo que parece mágico. Conecto de tal modo con la humanidad honesta y bella que desprenden las personas que no quiero ser otra cosa que lo que soy, y no quiero ver otra cosa que lo es.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy? ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar? ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?

Hay muchos patrones que tienen que ver con este miedo a mostrarse, muchos más de los que en un primer momento quisiéramos imaginar. Os invito a empezar ese camino de cuestionamiento filosófico, ir sacando a la luz esas creencias limitadas, cuestionarlas, transformarlas.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy?, ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar?, ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?, ¿qué obtengo al no mostrarme?, ¿siento que me conocen y comprenden los demás?

Es profundamente liberador descansar en nuestro propio ser. Cuando descansas en lo que eres, en tu verdad, no sientes que tengas que ser de otra manera, ni que tengas que ocultarte, eres lo que eres sin más. En ese lugar nada puede dañarnos porque estamos en paz con nosotros mismos.

La belleza del mundo en mí

Esta semana tuve una una experiencia muy curiosa que ha descubierto un modo de sentir diferente en mí. Acudí a mis clase de Yoga en Virasana y al comienzo de la clase la profesora nos propuso un ejercicio de visualización: primero de las partes que considerábamos más bellas de nuestro cuerpo y después de las que considerábamos mas bellas de nuestro ser. La segunda parte del ejercicio consistía en visualizar las partes que nos parecían menos bellas del mismo modo.

Cuando me adentré en la visualización de las partes más bellas de mi cuerpo, no conseguía ver nada, me sentía angustiada, muy lejana de mi cuerpo. Pensé que tendría que ver con mi relación con mi cuerpo después del embarazo y parto. Sin embargo, cuando visualicé las partes bellas de mi ser me sentí mucho más cómoda En ese momento me aparecía mi ser como un todo, incluyendo el cuerpo.

Cita Mónica Cavallé

El hecho de buscar las partes bellas de mi cuerpo me llevó al concepto mental de canon de belleza, algo que no es extraño que suceda viviendo en la cultura que vivimos donde le damos tanta importancia al cuerpo como garantía de belleza. Ese concepto no me decía nada, me provocaba angustia ponerme ahí.

Sin embargo cuando pude conectar con mi ser descubrí bellas incluso las partes más oscuras. Sentí la belleza como imperfección, humanidad, sensibilidad, apertura, calidez y me rendí a ese sentimiento recogiendo mi cuerpo como parte indivisible de mi ser. Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Sentí que se despertaba algo dentro de mí, se abría un canal de comunicación con la belleza y era inmenso.

Recordé esta parte de la película American Beauty que os comparto. Recuerdo que este fragmento de la película fue en su día causa de debate con una muy buena compañera y amiga que me decía que si de verdad me estaba pareciendo bello lo de la bolsa moviéndose. Yo le insistía en que sí, que en ocasiones había visto esa belleza en otras cosas que pueden parecer muy comunes o triviales. Ella no me entendía ni veía belleza en ello…

Si nos abrimos a la belleza del mundo nos podemos sentir sobrepasados por lo que sintamos porque hay mucha belleza en cada pequeña cosa. La vida es bella precisamente por sus imperfecciones, por sus cambios, por el aprendizaje, por la supervivencia y sobre todo por el amor que todo lo impregna y lo envuelve.

Supongo que es cuestión de formas de ver y de sentir, de disposición y manera de estar en la vida. Lo que hoy puedo afirmar sin duda es que esta forma de sentir y ver ha ido en aumento y a veces contengo mis emociones ante situaciones que me superan en capacidad de sentir belleza.

Todos poseemos una respuesta a la belleza, a la verdad y el bien, y es en ese significado propio en el único lugar donde reside nuestro ser y no en construcciones culturales o teorías.

Y tú, ¿has sentido la belleza en ti?

Tiempo para la tristeza

La tristeza es una emoción que a muchas personas nos causa resistencia, no encontramos el momento de estar tristes.

A veces se te pone un nudo en la garganta o esa nube gris encima de la cabeza que no te da tregua… pero rápidamente tragas saliva o piensas en otra cosa porque no tenemos tiempo de estar tristes, no nos viene bien que nos caigan cuatro lagrimas o sentirnos invadidos por la pena. Así que lo posponemos para una mejor ocasión, tal vez un ocioso domingo por la tarde.

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional

El reprimir estas emociones negativas, o socialmente no acogidas, nos va alejando poco a poco de nuestra parte emocional y con ello de lo que somos, de lo que sentimos. Tal patrón de conducta hace que nuestros pensamientos, nuestra parte más racional, pase a guiar nuestra vida dejando de lado la parte emocional. Perdemos el equilibrio entre ambas dimensiones y de algún modo dejamos de funcionar bien.

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Las emociones tienen su función, que no es otra que expresar lo que sentimos; si nos negamos esto por las razones que sean, poco a poco nos negamos a nosotros mismos.

Algunas creencias  que acompañan este patrón de evitación de la tristeza pueden ser: si me dejo caer en ella no voy a ser capaz de salir, no me sirve de nada estar triste, si me pongo triste pierdo el tiempo, o cuando me entristezco no me quieren.

Sin embargo, si aceptamos la tristeza cuando llega tiene un poder de aprendizaje inmenso.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla.

En mi experiencia la tristeza produce una conexión con la realidad. Cuando aceptas esas partes de la realidad que tratas de negarte y le das ese espacio a la tristeza viviendo la emoción, te estás permitiendo ser. La tristeza puede formar parte del proceso de aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan o de las situaciones que no nos hacen sentir bien. Y entiendo aquí la aceptación no como resignación, sino como capacidad de ver la realidad y con este aprendizaje dar lugar al movimiento o al cambio.

Aceptar una situación que vivimos pero no nos gusta puede causarnos mucha tristeza pero a la vez el propio hecho de ponernos delante de tal situación y verla nos abre caminos.

Transformemos ese miedo a sentirnos tristes y dejemos que se desarrolle naturalmente porque es real que sentimos tristeza y es sano expresarla. Escuchemosla cuando llega y aceptemos el aprendizaje.