¿Por qué no abandonamos las máscaras y nos mostramos tal y como somos?

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Definirnos a menudo nos lleva a la creación de un personaje y en la medida en que ese personaje se aleja de nuestro verdadero ser, nos puede traer sufrimiento. Un ejemplo de ello puede ser una persona que es muy sensible y emocional pero ha desarrollado un personaje frío y distante con la buena intención de sentirse protegido de las agresiones a esa emocionalidad y frialdad.

Esa persona sufrirá porque las necesidades de expresión de su emocionalidad  no están satisfechas, no se lo permite el personaje. Su verdad como ser emocional no se muestra, se produce una desconexión con su ser. No puede mostrar sus emociones porque su etiqueta de fría y distante no lo permite y porque tras esa etiqueta hay muchas creencias relacionadas con lo negativo de mostrar esas emociones.

Había algunas creencias relacionadas con el hecho de que si me mostraba, no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarse y ser dañada.

En mi proceso de asesoramiento filosófico trabajé el miedo a mostrarme, observé algunos patrones que había desarrollado y que estaban operando, que tenían como fondo un miedo a mostrarme como soy, miedo a que la expresión de mi ser no fuera bien recibida.

Había algunas creencias relacionadas con que si me mostraba no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarme y ser dañada.

Se desarrollaban por tanto en mí patrones de desconfianza , dificultad para abrazar mi vulnerabilidad, voz crítica y enjuiciadora conmigo misma que me impedía descansar en mi ser.

Hicimos un trabajo de transformación de estas creencias muy valioso. Algunas de las creencias que transformamos:

  • La vulnerabilidad es fortaleza y autenticidad, no debilidad.
  • Me conozco en la acción. La acción me revela. En la acción sabré lo que necesito saber.
  • Tengo derecho a expresar lo que pienso y siento en cada situación.
  • Si hablo y me contradicen, aprendo.
  • Mi expresión es dañina si es agresiva y exigente. Decir lo que pienso con respeto y asertividad, es el mejor regalo que puedo hacer a los demás, el regalo de mi verdad.
  • Me permito equivocarme. Expreso mi verdad aquí y ahora, y soy fiel a mi sentir aquí y ahora, sin caer en la “trampa de la congruencia” (creer que he de ser congruente con lo que dije en el pasado, y con la imagen que los demás han creado de mí).

Este trabajo ha sido fundamental para mí, me ha permitido sentirme libre para ser lo que soy, me ha ayudado a ir mostrando poco a poco mi ser desde la vulnerabilidad e ir gestionando mis miedo.

Sin duda queda mucho por hacer pero puedo aseguraros que cuando abrazo mi vulnerabilidad y me muestro tal y como soy sin máscaras, sin miedos, confiando, se produce algo que parece mágico. Conecto de tal modo con la humanidad honesta y bella que desprenden las personas que no quiero ser otra cosa que lo que soy, y no quiero ver otra cosa que lo es.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy? ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar? ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?

Hay muchos patrones que tienen que ver con este miedo a mostrarse, muchos más de los que en un primer momento quisiéramos imaginar. Os invito a empezar ese camino de cuestionamiento filosófico, ir sacando a la luz esas creencias limitadas, cuestionarlas, transformarlas.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy?, ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar?, ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?, ¿qué obtengo al no mostrarme?, ¿siento que me conocen y comprenden los demás?

Es profundamente liberador descansar en nuestro propio ser. Cuando descansas en lo que eres, en tu verdad, no sientes que tengas que ser de otra manera, ni que tengas que ocultarte, eres lo que eres sin más. En ese lugar nada puede dañarnos porque estamos en paz con nosotros mismos.

La Huida

Es asombroso descubrir en nuestra forma de actuar mecanismos que han estado operando en nuestros comportamientos y que se camuflan bajo otras apariencias, la mayor parte de las veces en contra de lo que perseguimos.  Uno de estos mecanismos con los que me topé fue la huida, la huida como respuesta, como protección a los sentimientos, a las emociones. A una misma en definitiva. En mi búsqueda por encontrar explicaciones me di cuenta que se abría una ventana que traía mucha luminosidad.

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¿Qué quiere la huida para ti? Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

Tal huida, ¿está buscando algo positivo para mí? Quiere  protegerme, que no sufra, que no me hagan daño, que no me decepcionen; mantener mi integridad porque si me hacen daño, si me siento decepcionada, puedo sufrir, perder el control de mi vida, perderme en toda esa amalgama de sentimientos dolor, decepción, pena, soledad, aislamiento…..

Cuando te ves no acudiendo a una cita o dejando plantado a alguien en plena discusión, te niegas a hablar de algún tema o simplemente a hablar con una persona se activa el patrón de conducta de huida

¿Y qué pasa cuando huyes? ¿Cómo te sientes? Siento que me han decepcionado, siento que me han dañado, me siento triste, sola, aislada, descontrolada… perdida en un drama mental que me causa mucho sufrimiento.

¿Consigue lo que se propone la huida? No, la huida persigue un bien para mí pero me trae sufrimiento y drama a mi vida. Me engancha a pensamientos del tipo: “No me quieren, para qué voy a estar aquí”, “no les hago falta”, ” no sirvo para nada”, “nadie me comprende”, “no merece la pena esta persona que no me comprende”.

SENTIR MI PRESENCIA EN ESE MOMENTO, RESPIRAR PROFUNDO, ATENDIENDO A TODAS LAS EMOCIONES QUE SIENTE MI CUERPO, ME ALEJA DEL DRAMA MENTAL QUE DESATA LA HUIDA.

¿Qué puedo hacer con este patrón de conducta?  Cuando soy capaz de ver cómo funciona un patrón de conducta en mi vida es cuando empieza la transformación; aceptar nuestras sombras y saber cómo funcionan es una herramienta fundamental para nuestra vida.

Sé que en determinados momentos se va desatar este patrón, lleva sucediendo así toda la vida, pero lo observo con atención, le doy el espacio que necesita a todos esos sentimientos que trae y entonces es cuando puedo calmar el sufrimiento mental, expresar mi vulnerabilidad, abrirme y mostrarme tal y como soy.

Sentir mi presencia en ese momento, respirar profundo, atendiendo a todas las emociones que siente mi cuerpo, me aleja del drama mental que desata la huida.

LA CLAVE FUE LA ACEPTACIÓN, LA DESIDENTIFICACIÓN, TRATAR DE VERLO TODO DE LA FORMA MAS OBJETIVA POSIBLE.

Cuando descubrí este patrón en mi forma de actuar me enfadé mucho porque identificaba esta forma de actuar con una forma de ser y me desagradaba ser así. Este enfado conmigo misma no ayudó mucho, me alejaba de ver las cosas tal y como eran me generaba más sufrimiento si cabe,. Tuve entonces dos asuntos que resolver: el enfado por cómo me había dado cuenta que actuaba y la forma de actuar en sí.

La clave fue la aceptación, la desidentificación, tratar de verlo todo de la forma mas objetiva posible. Y todo esto no hubiera sido posible si no me hubieran acompañado a través del asesoramiento filosófico Mónica, Cristina, Saverio y Nara a los que les estoy eternamente agradecida por su presencia y compañía en este camino. Gracias.