Reflexión filosófica en tiempo de Coronavirus, ¿te unes?

olga

Hoy he salido a la calle para hacer acopio de víveres y me he cruzado con muy pocas personas. Eso es casi impensable en Madrid; aquí siempre esta todo lleno de gente, para cualquier cosa hay gente dispuesta. La sensación para mí ha sido rara, me ha recordado a la serie Walking Dead pero sin zombies.

Mientras caminaba por el supermercado y buscaba en las estanterías casi vacías pensaba lo frágiles que somos y lo fuertes que nos creemos con todos esos pensamientos rígidos que nos hacen creer que controlamos nuestro día a día y que podemos garantizarnos un mundo seguro.

Quién iba a pensar que llegaría una semana en la que todos tendríamos que estar confinados en nuestra casa por un virus que viene de China, que no irían nuestros hijos a sus centros de estudios, ni mucha gente a sus trabajos, que las calles estarían desiertas y que nos obsesionaríamos con comprar papel higiénico…

Pues ha ocurrido. Y con este acontecimiento hemos entrado en una época de incertidumbre: no sabemos qué va a pasar, cuándo se va acabar… Ni siquiera sabemos si cuando esto acabe podremos retomar nuestra vida tal y como la teníamos organizada. No sabemos qué repercusiones tendrá a nivel económico para empresas, organismos, familias; estamos en esa incertidumbre y encerrados en casa.

Mientras, vamos pasando por una serie de fases. No sé si existen estudios sobre esto (probablemente sí) pero de momento he podido detectar tres fases en mi persona:

La primera, escepticismo. No me podía creer que esto estuviese sucediendo, alguna sonda de los medios de comunicación nos quiere asustar por vete tu a saber que intereses que desconozco, no hago ni caso, yo no tengo miedo. Seguiré mi vida tal y como la venía organizando.

La segunda, pánico. Esta fase llega cuando nos comunican el cierre de los colegios: sentí un poco de pánico y no porque mis hijos estuviesen 24 horas en casa durante 2 semanas, sino por el hecho de que se tomase esta decisión. Eso me hacía comprender que algo grave estaba sucediendo. Se me escapa el control de mi vida, sentimientos de miedo, desorientación. Tampoco podía creer que se irían anulando casi todos los eventos que tenía programados. Resultaba una sensación muy rara.

La tercera fase, ansiedad. Después de la declaración de estado de alarma, ¿qué va a ser de nosotros? ¿cómo vamos a superar este encierro en casa? ¿y después de esto? ¿tendremos dinero para pagar nuestros recibos, nuestra comida? ¿voy a poder aguantar sin salir a la calle?

Casi todas las fases han sidos narcisistas: yo, yo y yo…. Eso me ha dado algunas pistas de que estaba dejando a mi pensamiento tomar el mando de mi vida. Supongo que esto nos habrá pasado a muchas personas, pero hoy cuando volvía de esta compra (que me ha dado para mucha reflexión filosófica) pensaba en el filósofo Estoico Epicteto y en su pensamiento sobre lo que depende y no depende de mí. Y de las cosas que dependen de mí, he concluido que la más importante es aprender a vivir en la incertidumbre.

Y de las cosas que dependen de mí, he concluido que la más importante es aprender a vivir en la incertidumbre.

La realidad ahora es incertidumbre. Ya me servían poco, pero ahora además me hacen sufrir los “deberías”, las exigencias de cómo deben de ser las cosas. Ahora la actitud que más me ayuda es ser flexible y a la vez permanecer ahí sin romperme. Buscar desarrollar esa mirada completa de la realidad, con su dimensión  de inconvenientes y sus dimensión de oportunidad. Seguir sacándole provecho a cada momento presente y tratar de dar lo mejor de mí, no encerrarme en mis pensamientos y tratar de contactar siempre con esa mirada objetiva de la realidad.

En este tiempo de coronavirus quizá unir fuerzas y aportar lo mejor de cada uno sea nuestra tabla de salvación. Por ello, os invito el viernes 20 de marzo a las 20:00 horas a un encuentro online gratuito donde podamos encontrarnos y reflexionar juntos sobre la incertidumbre, la actitud estoica y todo lo que surja.

¿Te interesa? Si es así incluye tu comentario a este post o contáctame en r.diazvalle@gmail.com

Creatividad y plenitud de vida

creatividad y plenitud de vida Blay

Os dejo este fragmento del libro de Antonio Blay, cuando lo leí me pareció muy clarificador, creo que contiene un mensaje vital y nos enfoca en la importancia de nuestro trabajo interior íntimamente relacionado a como se nos presenta el exterior.

Expresar también mi agradecimiento a la persona que me lo dio a conocer y me regalo el libro porque he disfrutado enormemente de su lectura, Gracias !!!

“Si quiero llegar a algo en la vida, si pretendo arreglar algunas cosas o lograr ciertos objetivos, lo primero que he de hacer es ser yo. Mientras no tenga identidad, mientras no esté vivo, presente, despierto de veras, no podré autodeterminarme; estaré constantemente determinado por las influencias extrañas, por cómo me sienta, por cómo me vayan las cosas, por la suerte que tenga; siempre estaré pendiente de lo otro. Éste es el gran problema de mucha gente. Unos protestan del trabajo que desempeñan, o del ambiente en que se mueven. Otros se encuentran muy mal en el ambiente familiar y les parece que toda la dificultad estriba en cambiar algunos modos de ser. Otros viven el conflicto en el mundo material, económico, y protestan de que cada vez haya mayor concurrencia, más competitividad, y se hace cada vez más difícil poder ganar el mínimo para una vida con cierta dignidad. Y siempre, siempre, se echa la culpa a la situación, y se busca la solución cambiando de ambiente, de trabajo, o buscando el modo de que los demás cambien, o las cosas cambien. Es muy posible que las cosas estén funcionando regularmente, mediocremente o incluso malamente, pero lo que es seguro es que, hasta que yo no cambie interiormente no podré vivir bien en el exterior. Si yo interiormente tengo conflictos, desajustes, contradicciones, esto me llevará a vivir esas contradicciones en el exterior. Yo nunca puedo hacer las cosas de un modo distinto a como soy realmente, y, si en mí hay contradicciones, mi modo de actuar será contradictorio; si en mí hay agresividad, mi modo de actuar reflejará esta agresividad. Así pues, mi problema interior lo estaré recreando constantemente en el exterior, de suerte que no hay posibilidad de cambio en el exterior hasta que la persona no cambie lo que es la matriz del problema, la causa del problema”

Antonio Blay, Creatividad y plenitud de vida

 

El único modo de ser feliz es amando

Si no sabes amar tu vida pasará como un destello

Tras el visionado de la película El árbol de la vida dirigida por Terrence Malick, me surgieron muchas cuestiones acerca del sentido de la vida, hubo un diálogo concreto que me resonó mucho:

El único modo de ser feliz es amando.

Si no sabes amar tu vida pasará como un destello.

Sé bueno con los demás,

asómbrate,

ten esperanza.

De algún modo es una intuición que siempre me ha acompañado, la clave para una vida plena es vivir amando, en esa misión me encuentro y me parece un camino profundamente bello, lleno de aprendizajes,  a la vez que siento que me pongo a prueba cada día, que debo abrazar la honestidad y la incertidumbre constantemente, eso me resulta muy retador pero aveces me siento muy perdida, desubicada, sola.

Me encuentro con mis limites con mis heridas y tengo que detenerme a mirarlas de frente, examinarlas, ver como operan, aceptarlas para poder continuar. Aprender a amar se ha convertido en mi tarea de vida y cuanto más me cuestiono más ignorante me siento a este respecto.

Ojalá fuera esta una cuestión con la que pudiésemos familiarizarnos en nuestras familias, en las escuelas, en las calles, viviríamos mucho mejor si nos centrásemos en esta tarea que es vital para nuestro pleno desenvolvimiento.

A partir de la intuición de que el amor es la clave para la vida plena, me surgen preguntas a las que quiero encontrar respuestas y quiero compartirlas con todos vosotros que pasáis por este blog para que me ayudéis si está en vuestro ánimo a encontrar las respuestas.

¿qué es amar?

¿sabemos amar?

¿el amor esta regulado por normas?

¿podemos elegir lo que amamos?

¿cómo se aprende a amar?

Se asoman algunas intuiciones … amar será:

¿mirar con los ojos del asombro?

¿gratitud?

¿comprender, entender?

¿dejar ser?

¿ser fiel a uno mismo?

¿presencia en cada momento?

¿aceptar lo que es?

¿empatizar, tender la mano sin esperar nada?

¿perdonar?

¿saber ver la belleza de la singular esencia?

¿tener esperanza y confianza en la  vida?

¿Puede que el amor sea un estado y no una forma de relacionarnos?

¿Si estoy en amor, me quiero y acepto honestamente será más fácil  desplegar ese estado hacia fuera?

¿Por qué nos desconectamos del amor? ¿A dónde vamos cuando eso sucede?¿ al miedo?

Os animo a la indagación filosófica sobre el amor, escribidme!

Profundamente agradecida por la recomendación de la película!

Feliz verano!

Prohibido equivocarse

 

Cuanto miedo tenemos a equivocarnos, a no decir la palabra adecuada, a no tomar el camino correcto a no mostrar nuestros lados más vulnerables, a lo que digan de nosotros, que nos critiquen, que no seamos bien vistos, a darnos cuenta de que no somos lo que creemos.

¿Cuál fue el momento en el que perdimos la confianza en nosotros mismos? ¿Qué fue lo que nos hizo desarrollar una mirada desconfiada? ¿Cuáles son las consecuencias de vivir desde esta desconfianza? Supongo que hemos vivido una educación demasiado normativa en donde nuestra acción se ceñía a lo que podíamos o no hacer. Las explicaciones no llegaban y era todo por nuestro bien, porque lo decía la familia, porque lo decía la maestra, porque lo decía la autoridad. Era fácil concluir que no debíamos confiar en nuestro propio criterio, que nos debía decir lo que convenía hacer alguna autoridad moral externa.

No es sorprendente con tales antecedentes, el sufrimiento que a algunas personas nos causa tomar cualquier decisión y lo acomodaticios que podemos llegar a ser por miedo a equivocarnos, a no estar haciendo lo correcto, a que alguien nos regañe. Y para que hablar de los momentos en los que nos enfrentamos a un reto en el que queremos demostrar que lo sabemos hacer bien, tan identificados con este hacer, que si no resulta todo lo bien que habíamos pensado o resulta mal, se produce un sentimiento devastador de fracaso y cuestionamiento de nuestra propia valía. “Si no hago esto o aquello bien no valgo nada”

Definimos quien somos por las cosas que hacemos y así nos juzgamos y por ende juzgamos a los demás. Nuestra definición por nuestras acciones puede tener sentido, pero cuando somos capaces de incluir todos nuestros actos, no sólo algunos. Cuando ponemos toda nuestra valía en una acción, nos estamos identificando con esa acción, nos reducimos a eso.  Limitar nuestro ser a una dimensión de nuestra vida no nos permite desarrollarnos plenamente, nos causa sufrimiento y nos aleja de lo que realmente somos.

Pensar que las equivocaciones son fatales, que es lo peor que nos puede pasar, que mostrarlas es definir lo que somos como algo errado, ” somos errores” al final nos lleva a un miedo escénico tan grande que dejas de actuar para no mostrarte erróneo incompleto. Empiezas a vivir al otro lado de  la barrera, donde nadie se equivoca porque el que no hace, no dice, no muestra, no se arriesga, no se equivoca. Nos escondemos en la inacción perdiendo la oportunidad de crecer, de adquirir experiencia, de desarrollarnos plenamente.

Asumir las equivocaciones como oportunidades de aprendizaje puede cambiar todo el enfoque. La vida es un aprendizaje continuo, solamente tenemos que observar a los niños que aprenden en muchas ocasiones a andar después de haberse caído, que al principio cuando se caen se asustan pero poco a poco aprenden a levantarse y caminan cada vez con más agilidad y así con todos los retos que se les presenta.

Desde hace un tiempo me he aliado con la equivocación, he empezado a decir lo que pienso a mostrar lo que siento, a arriesgarme a hacer cosas nuevas, emprender nuevos caminos, a tomar la acción como principio. Y no voy a decir que no he sentido que me equivocaba en algunas de mis nuevas empresas, incluso cuando siento que he aprendido haciendo algo que no me ha salido muy bien me viene a la cabeza el pensamiento: no tenías que haber hecho esto o aquello fue una equivocación.

Ahora simplemente dejo que suene por mi cabeza sin hacer mucho ruido, porque me suena más fuerte vivir es errar y necesito errar para crecer para aprender cada día, reconocer mis errores, mis puntos débiles, mi ignorancia, me hace más feliz que pensar que soy perfecta y todo lo que hago debe corresponder a esa perfección. La realidad es que soy humanamente imperfecta y aceptar esta realidad me pone los pies en la tierra y me coloca en otra actitud más compresiva conmigo misma y con los demás.

Cuando te sabes imperfecto las críticas enriquecen si son constructivas y no nos afectan si no tienen que ver con nosotros. Comprendes que el camino se hace andando, tropezando, parando. Hacer las cosas lo mejor posibles no tiene por qué ser una exigencia que cause sufrimiento. El aprendizaje es un proceso, una práctica diaria en la que vas desarrollando tus habilidades y puede ser un disfrute aprender cada día.

El trabajo a través del asesoramiento filosófico se centra en definir esos patrones relacionados con la equivocación que nos provocan insatisfacción, frustración, inacción, enfado y tratar de darle voz a esas emociones para que nos vayan mostrando todas esas creencias limitadas con las que estamos operando. El diálogo filosófico nos dará la hondura adecuada para ir indagando y cuestionando todo este engranaje mental produciéndose cada vez más claridad, toma de conciencia y comprensión liberadora.

Claves para vivir una vida pensada y pensar una vida vivida: Presencia

 

arte de vivir, arte de pensar
Arte de vivir arte de pensar: Iniciación al asesoramiento filosófico de Mónica Cavallé Cruz y Julián Domingo Machado Fernández.

Mientras leía este libro pensaba en cuáles podrían ser las claves del arte de vivir, algunas prácticas diarias que te hagan desarrollar esa actitud filosófica de búsqueda de la verdad como caída de los velos que nos separarán de la realidad.

Algunas personas en la consultan empiezan a ver dimensiones de su vida más cercanas a la realidad y estas verdades digamos que les resultan incómodas se convierten en problemas difíciles de resolver en lugar de información valiosa para crecer.

Las exigencias de lo que debemos ser se arraigan muy profundamente en cada uno de nosotros y las lentes con las que vemos se nos empañan, no dejándonos comprender claramente esas verdades que intuimos y que están latiendo en nuestro interior, ese grito que pide paso.

Nos obstinamos con la idea de que la vida es un problema que debemos resolver con la respuesta exacta y si no nos vemos capaces de resolver ese problema nos anestesiamos y nos cerramos, huimos de la realidad.

Desarrollar algunas actitudes o formas de presentarse ante la vida puede ser definitivo para vivir esa claridad, coherencia. De todas ellas elijo hoy la presencia.

La presencia es estar prestando atención a lo que ocurre en nuestra vida, pensando en lo que estamos haciendo y dando lo mejor de nosotros en cada momento. El futuro no ha llegado y el pasado se fue. Somos presente !vivamos el presente!

Podemos pensar ¿cómo no voy a estar presente en mi propia vida? estoy aquí conmigo cada segundo en cada lugar que piso. Y así es, pero a veces estamos sin prestar atención.

Podemos estar en una reunión mirando el reloj todo el tiempo porque tenemos algo que hacer después y ya nos hemos ido a ese después y la reunión no la estamos viviendo con presencia. Actuamos si lo hacemos ya desde ese otro lugar, probablemente con prisa y ansiedad.

Nos cuesta mucho vivir con presencia porque solemos estar pensando en lo que vamos a hacer más tarde o quizá nos hemos quedado enganchados a algo que nos ha pasado antes de este momento y le damos vueltas y vueltas en la cabeza y no nos damos cuenta que alguien nos esta hablando.

Estas situaciones nos han sucedido a todos alguna vez, pues esto es no estar presente en nuestra vida, en cada momento. Poner atención para tratar de ir desarrollando nuestra presencia puede traer cambios muy agradables a nuestra vida haciéndonos disfrutar de momentos especiales que se nos están pasando por alto.

Tomemos unos minutos para reflexionar sobre nuestra presencia: ¿Estoy presente en mi vida? ¿Soy una persona consciente? ¿Presto atención?¿Escucho a los demás? ¿Me escucho a mi misma? ¿Sé lo que quiero? ¿Voy hacia ello? ¿Cómo percibo el tiempo, se me escapa de las manos, lo organizo y optimizo?

Os dejo respondiendo a estas preguntas, observando en vuestro día a día. Estaré encantada de recibir vuestras impresiones. Seguiremos buscando claves para vivir.

 

 

La reflexión filosófica también me ayuda en la crianza.

La crianza entraña muchas cuestiones definitivas en el desarrollo de las personas. Hacer una reflexión filosófica acerca de esta tarea tan infravalorada produce cambios muy importantes en la vida de los niños y de los adultos  responsables de la crianza. En éstas me encuentro desde que decidí ser madre y quiero compartir algunas reflexiones con vosotros.

¿De dónde parto cuando se me plantea  difícil la tarea de criar? Parto de una experiencia personal, de una mirada construida a partir de esa experiencia, parto de mi mísma de lo que me faltó, de lo que me resultó difícil encarar, de unas heridas de infancia, de un ser sin plenitud.

Proyectamos casi de manera inevitable sobre sus vidas nuestra experiencia. Conviene que seamos capaces de ver con claridad de dónde partimos, cada uno de nuestra propia circunstancia.

Hacer una reflexión filosófica acerca de esta tarea tan infravalorada produce cambios muy importantes en la vida de los niños y los adultos responsables de la crianza.

Otra cuestión bien distinta es que de nuestra experiencia hayamos creado un aprendizaje y tengamos claros algunos puntos en los que queremos poner más atención porque nos dieron problemas. Importante esta diferencia entre proyectar y aprovechar aprendizaje de experiencia vivida porque en el proyectar no se deja espacio para el niño, ahí el centro eres tú y tu dolor, y cuando aprovechas la experiencia para mirar con más atención estás dejando al niño que tenga su propio lugar.

Los peligros que temía eran justo esas proyecciones de un ideal sobre ellos, no ser capaz de ver lo que el niño necesita, saber hacerles sentir seguros, que sientan el amor en el que les criamos, que no sean niños heridos por no ser vistos en su ser, no saber dotarlos de herramientas necesarias para vivir de manera autónoma, a veces dudo tenerlas yo misma.

Conviene que seamos capaces de ver con claridad de dónde partimos, cada uno de nuestra propia circunstancia.

Sentía que para hacerlo bien necesitaba un manual de instrucciones escrito por personas que supiesen mucho del tema y seguirlas al pie de la letra para no fallar. Me documenté mucho, me hice con libros, teorías pedagógicas, todos los temas de la crianza me interesaban, el apego seguro, la alimentación, la comunicación, el juego…

Llegó un momento en que tenía la cabeza a punto de estallar, un maremagnum de ideas dando vueltas, algunas opuestas. Con esto sólo conseguí bloquearme y no saber por donde salir o a qué prestar atención. La crianza ya estaba aquí y requería mucho tiempo y dedicación y la inseguridad propia de estos primeros momentos unida a la inseguridad creada por tanta documentación me hicieron pasar una época difícil.

Buscar recetas para saber qué hacer en cualquier momento sólo era una respuesta para compensar mi inseguridad. Pensar en poder aplicar normas generales a los niños es muy frustrante porque independientemente de que haya cosas comunes entendiéndose en cada contexto, cada niño es un ser único, no hay otra persona igual.

Y comprendí que así es como debemos tratarlos: como seres únicos, como una expresión de vida original.

Cuando nuestra mirada viene de ahí es más comprensiva, deja de comparar, te permite comunicarte con su ser más esencial. Y si ellos son únicos, cada uno de nosotros también lo somos, dignos de amor y susceptibles de ser vistos tal y como somos en nuestra singularidad desde nuestro ser profundo.

Buscar recetas para saber qué hacer en cualquier momento sólo era una respuesta para compensar mi inseguridad.

Respetar lo que somos, amarnos incondicionalmente, aceptar nuestras luces y sombras, vivir presentes y conscientes el mayor tiempo posible, caminar con esa actitud filosófica de ser cada día más reales es la clave para que nuestros hijos puedan desarrollarse de una forma sana, siendo respetados y comprendidos como los seres únicos que son y puedan desarrollarse del mismo modo.

Al final, siempre la respuesta está dentro de una mismo:

Vive y quiérete , sé tú mismo y deja que tu ser se exprese y esto mismo será lo que tus hijos aprenderán a hacer.

Aprende a gestionar tus emociones, reconcíliate con tus heridas y siente tus vacíos.

Muéstrate tal cual eres en tu vulnerabilidad, no construyas máscaras y muros para protegerte. Porque si haces eso no dejarás que te vean ni que sepan quien eres.

Apuesta por dar lo mejor de ti en cada momento, siente tus emociones todas, no hay buenas y malas todas deben salir, ser expresadas.

Juega con ellos, abrázalos, cuéntales lo que piensas lo que sientes, dales confianza y espacio para ser independientes de ti, prepara la pista de despegue, ayúdales a que consigan todo lo que necesitan para volar.. y ¡déjales que vuelen! A estas alturas ya sabrán que estarás  ahí dandoles tu amor incondicionalmente siempre, no hará falta más .

Al final, siempre la respuesta está dentro de uno mismo: vive y quiérete , sé tú mismo y deja que tu ser se exprese y esto mismo será lo que tus hijos aprenderán a hacer.

Estas son algunas de las reflexiones que he desarrollado en este tiempo de crianza, intento integrarlas en mi día a día pero no siempre lo consigo, trato de no juzgarme por ello sólo mirarme  y aceptarme humanamente imperfecta.

Me encantaria conocer las vuestras intuiciones y aprendizajes, es un camino tan personal y experiencial el de la crianza que todas las voces aportan conocimientos valiosos. Os animo a que  compartáis las vuestras en los comentarios  o a través del contacto. ¡¡Gracias!!

Orgullo LGTB+

 

Bandera orgullo con frase

El otro día en la consulta de asesoramiento filosófico abordamos el tema de la visibilidad lésbica. Todo surgió a partir de una creencia limitada que detectamos: “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista”.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos. Sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos.

En las consultas de asesoramiento filosófico buscamos definir el patrón de comportamiento y emoción que está causando sufrimiento a la persona que realiza el proceso y una vez que lo hemos definido, tratamos de ir viendo todas las creencias limitadas que subyacen a ese patrón; es decir, creencias que hemos adoptado como válidas y en función de las que operamos pero que nos causan sufrimiento por no estar ajustadas a la realidad.

Nuestra filosofía operativa está conformada por estos patrones y creencias. De muchos de ellos no tenemos apenas conciencia y es a través de este proceso de diálogo filosófico que van saliendo a la luz.

Pues bien, la creencia limitada “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista” lo es porque tal afirmación entraña que nuestro ser al mostrarse no va a ser bien recibido, e incluso que puede causar daño. Subyace que no soy ontológicamente mostrable, que no soy correcta, que debería ser de otra manera que fuese bien recibida y no causase daño. Creer esto nos impide descansar en lo que somos, amarnos incondicionalmente y aceptarnos para poder vivir satisfactoriamente.

En el caso que nos ocupa, el hecho de vivir como lesbiana en una sociedad heteronormativa, fomenta, a través de la experiencia vivida con episodios discriminatorios, el refuerzo de esta creencia cuando en nuestro entorno no aceptan como somos. Una interpretación puede ser que yo causo daño por ser así y por ello los demás sufren.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona.

Pero en realidad, lo que ocurre es que aquellos que nos rechazan sufren porque desean que seamos de otra forma y ese deseo escapa a sus posibilidades. Yo soy lo que soy y con ser no causo daño, lo que causa daño es la expectativa de que sea de alguna forma correspondiendo a la sociedad en la que vivo y por tanto a la norma de la heterosexualidad.

Esto causa frustración en algunas personas porque necesitan ser aceptadas por la sociedad e interpretan en contra de su propio ser como más necesaria la aceptación de los otros que poder descansar en lo que realmente somos sin juicios, con amor a nosotras mismas.

Por otro lado, la parte de la creencia que tiene que ver con el hecho de no ser bien vista se hace más fuerte porque realmente hay una mirada de la sociedad que no acoge esta forma de ser. Esto es una realidad, pero también es una realidad el ser lesbiana, y es mi realidad, forma parte de mi ser.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva en función de las capacidades o del nivel de comprensión desarrollado por las personas que nos rodean, podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona. Sí estará en nuestra mano tratar de ser nosotras mismas ajenas a esa mirada que no depende de nosotras.

Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser.

Cerrar los ojos e imaginar cómo sería nuestra vida si no tuviésemos esa creencia puede situarnos en el punto de partida de una vida vivida con naturalidad en armonía con una misma y la vez con los demás. Nos puede dar las fuerzas necesarias para transformar esta creencia. Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser. Mostrarme hace que mi realidad sea conocida y comprendida con naturalidad.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos y reivindicar la igualdad de las personas en esta sociedad. Necesitamos vivir en una sociedad que acoja las realidades de todas las personas, que no excluya y dificulte las diversas realidades, una sociedad en la que las personas puedan ser libremente.

Es trabajo nuestro sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos. Hoy os animo a emprender esa aventura de amarse a uno mismo y sentir el orgullo de ser.

¿Por qué no abandonamos las máscaras y nos mostramos tal y como somos?

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Definirnos a menudo nos lleva a la creación de un personaje y en la medida en que ese personaje se aleja de nuestro verdadero ser, nos puede traer sufrimiento. Un ejemplo de ello puede ser una persona que es muy sensible y emocional pero ha desarrollado un personaje frío y distante con la buena intención de sentirse protegido de las agresiones a esa emocionalidad y frialdad.

Esa persona sufrirá porque las necesidades de expresión de su emocionalidad  no están satisfechas, no se lo permite el personaje. Su verdad como ser emocional no se muestra, se produce una desconexión con su ser. No puede mostrar sus emociones porque su etiqueta de fría y distante no lo permite y porque tras esa etiqueta hay muchas creencias relacionadas con lo negativo de mostrar esas emociones.

Había algunas creencias relacionadas con el hecho de que si me mostraba, no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarse y ser dañada.

En mi proceso de asesoramiento filosófico trabajé el miedo a mostrarme, observé algunos patrones que había desarrollado y que estaban operando, que tenían como fondo un miedo a mostrarme como soy, miedo a que la expresión de mi ser no fuera bien recibida.

Había algunas creencias relacionadas con que si me mostraba no me iban a querer, si me mostraba hablaba mi imperfección, si me mostraba me criticarían, si me mostraba me rechazarían. Había, en definitiva, una relación directa entre el hecho de mostrarme y ser dañada.

Se desarrollaban por tanto en mí patrones de desconfianza , dificultad para abrazar mi vulnerabilidad, voz crítica y enjuiciadora conmigo misma que me impedía descansar en mi ser.

Hicimos un trabajo de transformación de estas creencias muy valioso. Algunas de las creencias que transformamos:

  • La vulnerabilidad es fortaleza y autenticidad, no debilidad.
  • Me conozco en la acción. La acción me revela. En la acción sabré lo que necesito saber.
  • Tengo derecho a expresar lo que pienso y siento en cada situación.
  • Si hablo y me contradicen, aprendo.
  • Mi expresión es dañina si es agresiva y exigente. Decir lo que pienso con respeto y asertividad, es el mejor regalo que puedo hacer a los demás, el regalo de mi verdad.
  • Me permito equivocarme. Expreso mi verdad aquí y ahora, y soy fiel a mi sentir aquí y ahora, sin caer en la “trampa de la congruencia” (creer que he de ser congruente con lo que dije en el pasado, y con la imagen que los demás han creado de mí).

Este trabajo ha sido fundamental para mí, me ha permitido sentirme libre para ser lo que soy, me ha ayudado a ir mostrando poco a poco mi ser desde la vulnerabilidad e ir gestionando mis miedo.

Sin duda queda mucho por hacer pero puedo aseguraros que cuando abrazo mi vulnerabilidad y me muestro tal y como soy sin máscaras, sin miedos, confiando, se produce algo que parece mágico. Conecto de tal modo con la humanidad honesta y bella que desprenden las personas que no quiero ser otra cosa que lo que soy, y no quiero ver otra cosa que lo es.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy? ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar? ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?

Hay muchos patrones que tienen que ver con este miedo a mostrarse, muchos más de los que en un primer momento quisiéramos imaginar. Os invito a empezar ese camino de cuestionamiento filosófico, ir sacando a la luz esas creencias limitadas, cuestionarlas, transformarlas.

Hagámonos preguntas, ¿me muestro tal como soy?, ¿hay algo de mí que me cuesta mostrar?, ¿qué sufrimiento me trae lo que no muestro?, ¿qué obtengo al no mostrarme?, ¿siento que me conocen y comprenden los demás?

Es profundamente liberador descansar en nuestro propio ser. Cuando descansas en lo que eres, en tu verdad, no sientes que tengas que ser de otra manera, ni que tengas que ocultarte, eres lo que eres sin más. En ese lugar nada puede dañarnos porque estamos en paz con nosotros mismos.