Las despedidas forman parte de la vida

Hay despedidas que duelen en el alma, que mueven, que te conectan con el dolor profundo de la pérdida definitiva.

Hay despedidas que llenan de admiración cuando se acepta el final con humildad.

Hay despedidas que te recuerdan que cerca de ti hay muchos buenos y generosos corazones.

Hay despedidas que nunca quisiste imaginar, hay palabras que no quieres pronunciar.

Hay despedidas que cambian la mirada, que te alejan de lo accesorio y te conectan con lo esencial.

Hay despedidas de hombres buenos que te parten el corazón.

Hay despedidas que generan amor unión sostén para soportar el dolor.

Hay despedidas que se llevan una parte de tu vida que ya sólo quedará en tu corazón.

Buen viaje a los que se han ido, aquí queda su ser en cada uno de nosotros, aquí queda su amor y su genuina grandeza.

¡Adiós!

Orgullo LGTB+

 

Bandera orgullo con frase

El otro día en la consulta de asesoramiento filosófico abordamos el tema de la visibilidad lésbica. Todo surgió a partir de una creencia limitada que detectamos: “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista”.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos. Sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos.

En las consultas de asesoramiento filosófico buscamos definir el patrón de comportamiento y emoción que está causando sufrimiento a la persona que realiza el proceso y una vez que lo hemos definido, tratamos de ir viendo todas las creencias limitadas que subyacen a ese patrón; es decir, creencias que hemos adoptado como válidas y en función de las que operamos pero que nos causan sufrimiento por no estar ajustadas a la realidad.

Nuestra filosofía operativa está conformada por estos patrones y creencias. De muchos de ellos no tenemos apenas conciencia y es a través de este proceso de diálogo filosófico que van saliendo a la luz.

Pues bien, la creencia limitada “si muestro algo de mí puedo causar daño o no ser bien vista” lo es porque tal afirmación entraña que nuestro ser al mostrarse no va a ser bien recibido, e incluso que puede causar daño. Subyace que no soy ontológicamente mostrable, que no soy correcta, que debería ser de otra manera que fuese bien recibida y no causase daño. Creer esto nos impide descansar en lo que somos, amarnos incondicionalmente y aceptarnos para poder vivir satisfactoriamente.

En el caso que nos ocupa, el hecho de vivir como lesbiana en una sociedad heteronormativa, fomenta, a través de la experiencia vivida con episodios discriminatorios, el refuerzo de esta creencia cuando en nuestro entorno no aceptan como somos. Una interpretación puede ser que yo causo daño por ser así y por ello los demás sufren.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona.

Pero en realidad, lo que ocurre es que aquellos que nos rechazan sufren porque desean que seamos de otra forma y ese deseo escapa a sus posibilidades. Yo soy lo que soy y con ser no causo daño, lo que causa daño es la expectativa de que sea de alguna forma correspondiendo a la sociedad en la que vivo y por tanto a la norma de la heterosexualidad.

Esto causa frustración en algunas personas porque necesitan ser aceptadas por la sociedad e interpretan en contra de su propio ser como más necesaria la aceptación de los otros que poder descansar en lo que realmente somos sin juicios, con amor a nosotras mismas.

Por otro lado, la parte de la creencia que tiene que ver con el hecho de no ser bien vista se hace más fuerte porque realmente hay una mirada de la sociedad que no acoge esta forma de ser. Esto es una realidad, pero también es una realidad el ser lesbiana, y es mi realidad, forma parte de mi ser.

Si entendemos que la mirada que nos espera puede ser o no compresiva en función de las capacidades o del nivel de comprensión desarrollado por las personas que nos rodean, podemos concluir que no está en nuestra mano hasta donde llegue a comprender otra persona. Sí estará en nuestra mano tratar de ser nosotras mismas ajenas a esa mirada que no depende de nosotras.

Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser.

Cerrar los ojos e imaginar cómo sería nuestra vida si no tuviésemos esa creencia puede situarnos en el punto de partida de una vida vivida con naturalidad en armonía con una misma y la vez con los demás. Nos puede dar las fuerzas necesarias para transformar esta creencia. Mostrarme tal y como soy es un regalo de autenticidad. Cuando me muestro tal y como soy descanso en mi ser. Mostrarme hace que mi realidad sea conocida y comprendida con naturalidad.

El Día Internacional del Orgullo LGTB+ se convierte en un día que nos da la oportunidad de mostrarnos y reivindicar la igualdad de las personas en esta sociedad. Necesitamos vivir en una sociedad que acoja las realidades de todas las personas, que no excluya y dificulte las diversas realidades, una sociedad en la que las personas puedan ser libremente.

Es trabajo nuestro sentir el orgullo de ser quienes somos y aprender a querernos tal y como somos. Hoy os animo a emprender esa aventura de amarse a uno mismo y sentir el orgullo de ser.

Carta de amor

 

amarse a sí mismo

Hace ya 40 años que habito este ser. He tenido una vida fácil, he conocido muchas personas que me han aportado muchos aprendizajes, algunas aún continúan por aquí. Siempre he tenido la sensación de tener una buena vida, me he sentido muy querida, más o menos he tratado de hacer lo que deseaba y construir mi propio camino.

Sin embargo, he vivido siempre con una insatisfacción, un vacío que no se llenaba nunca. Ningún vínculo afectivo era suficiente, ningún objetivo cumplido, ninguna cosa material. Cuando me acercaba a mis logros, cuándo cumplía mis metas, surgía un vacío, una insatisfacción que me hacía volver a empezar la búsqueda.

Hace tiempo que llegue a la conclusión de que lo me faltaba era encontrarme a mí misma, escucharme, respetarme, me faltaba cuidarme a mí misma. Todas esas cosas que yo esperaba que vinieran de fuera y que me frustraba por no recibir en la forma que yo deseaba, estaban en mi mano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza.

El hecho de no dar espacio a mi voz, de no poner cuidado a mis necesidades, relegar a un segundo plano mi sentir, me ha llevado a situaciones que me han causado mucho sufrimiento. Interpretar que ese vacío sólo lo podían llenar otras personas, otras experiencias, algo externo, ponía mi objetivo en la búsqueda incansable fuera de mí. Simplemente no encontraba lo que buscaba. Creía que lo que dependía de mí realmente no dependía de mí. Según el filósofo estoico Epicteto, ésta es una de las causas de sufrimiento humano.

Cuando sentí que nada fuera de mí iba a llenar nunca ese vacío, que ese no era el camino, me sumí en una profunda tristeza. Me puse en contacto con ese vacío de ser, habité una verdadera angustia existencial, me rendí y dejé de luchar por ser de otra forma, conecte con mi vulnerabilidad y ese fue el momento en el que entendí que mi vida era mi responsabilidad.

Todo lo que necesito debe brotar de mí, de la aceptación de mi propio ser, del descanso en lo que soy sin pretender siempre ser otra cosa. Esto es lo que soy y no debo ser de ninguna otra manera.

Hoy pensé que escribirme una carta de amor a mí misma podía ser un ejercicio de reconciliación y de compromiso con esta actitud filosófica encaminada a desvelar mi verdad para el resto de tiempo que estaré habitando este ser. Después me la leeré mirándome a un espejo como en la escena de la película Angel-a .

Quiero que sepas que a partir de hoy prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser. Acogeré tus heridas y te amaré tal y como eres, tus sombras y tus luces tienen su espacio conmigo, tus lágrimas no deben contenerse conmigo y tampoco tu alegría, tus risas y tus miedos están aquí a salvo.

Prometo quererte, escucharte y respetarte como forma de vida, prometo cuidarte, darte amor incondicional, caminar contigo respirando profundo y descansando en tu ser

Te quiero incondicionalmente y estaremos juntas hasta el último aliento y más allá así que vamos a hacer de este camino un disfrute de ser. Trabajaremos juntas los apegos sanos y buscaremos rincones donde crecer, no vamos a aguantar la respiración y contenernos nunca más, porque no nos lleva a ningún sitio con amor. Y si no lo podemos cumplir siempre, no pasará nada, aceptaremos cuando las energías estén bajas y cuando la compresión no sea lo suficiente profunda como para aceptar las cosas.

Nos sentaremos a la orilla del mar y dejaremos que el rumor de las olas y la brisa acaricien nuestros sentidos, procurando la paz necesaria para continuar caminando. Viviremos el presente día a día impulsadas por la brevedad de la vida . Y cuando llegue la muerte aquí estaremos sin miedo preparadas para descansar en paz.

Os animo a hacer este ejercicio de escribiros una carta de amor a vosotros mismo y ver  que va pasando. Todos tenemos amor para nosotros mismos. Si os animáis con el ejercicio y os apetece contarme como va, estaré encantada de leeros.